Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

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Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Jue 18 Sep 2014 - 11:28

Abro este tema pq este autor se ha dedicado a "coleccionar" e ir "tejiendo" la red medainte la cual las mafias financieras se han apoderado y controlan casi absolutamente todas las actividades economicas del planeta...

Recomendacion... LEAN SUS LIBROS... hasta la fecha hay dos... "Hitler ganó la Guerra" y "Nadie vio Matrix"...

El siguiente extracto, lo traigo a colación pq "se parece igualito" a una situación contemporánea... uds me dirán a que se parece...

La Revolución Inglesa en Francia


La Revolución Francesa posee todos los condimentos de mu­chos de los acontecimientos que se viven actualmente: bandos en pugna, intereses económicos y financieros puestos en juego, subversión del orden político, actos de terrorismo, y finalmen­te, manipulación de la prensa y de la historia que, en su versión "oficial", desfigura los reales sucesos y los presenta como un avance de los derechos del hombre y de la democracia, cuando en realidad lo que ocurrió fue algo muy diferente.

Veamos: hasta el día de hoy los historiadores no se ponen de acuerdo acerca de la influencia de elitistas sociedades secretas, íntimamente conectadas con la banca al menos desde finales del siglo XVIII, ni sobre la influencia de los políticos y empresarios británicos en la Revolución Francesa de 1789. Sin embargo, si bien esa cuenta no está saldada, absolutamente nada se dice acer­ca de la existencia y actividades políticas de las sociedades secre­tas en la Francia del siglo XVIII. Esto de por sí ya debiera llamar la atención. Lo cierto es que ni Luis XV ni Luis XVI fueron miem­bros de logias masónicas ni de sociedades secretas. Vale recordar que la masonería había recibido un gran impulso con su refunda­ción en 1717 en Inglaterra; que el monarca inglés es considerado como la verdadera cabeza de la estructura piramidal masónica desde esa fecha, y que en 1776 se fundó la muy elitista y política­mente revolucionaria orden de los Illuminati de Baviera con el apoyo de algunos de los banqueros, empresarios y nobles más po­derosos del mundo de aquella época.

Esos sucesos fueron terreno fértil para la multiplicación de las sociedades secretas en Francia durante el siglo XVIII. Hacia 1700 prácticamente no existían las sociedades secretas en ese país. Sin embargo, en poco más de 80 años las mismas llegarían a ser más de 1.000, con más de 40.000 miembros, entre los que se encontraban pequeños empresarios y nobles generalmente inconformes con el orden económico-social imperante en Fran­cia. Las condiciones de muy lento crecimiento de la economía empeoraron entre 1775 y 1789. Francia había ayudado financie­ra y militarmente a las colonias norteamericanas para que se independizaran de Gran Bretaña, y no obtuvo a cambio práctica­mente nada, más allá de deudas. La situación empeoró con la firma de dos tratados en 1783 y 1787, mediante los cuales ese país se comprometía a debilitar las barreras aduaneras y comen­zar una era de libre comercio con Gran Bretaña. En pocos me­ses la actividad industrial y agropecuaria francesa colapsó debi­do a la falta de competitividad de sus productos respecto de los ingleses y aquellos importados de las colonias británicas.

Francia comenzó entonces a desarrollar un abultado déficit externo de cuenta corriente que implicaba —además—, que el oro y la plata en circulación se transferían en corto tiempo a Londres a cambio de bienes de consumo. O sea que tras la rece­sión acaecida a raíz de los tratados comerciales, además la pro­pia escasez de moneda agravaba aún más la situación económi­ca. La producción francesa, por supuesto, tanto agropecuaria como la de su incipiente industria, quedó arruinada.

El caldo de cultivo social para un cambio en la forma de go­bierno estaba entonces dado. Los ingleses deseaban establecer en Francia una monarquía parlamentaria a su propio estilo, con una cámara alta ocupada con prominentes miembros de socie­dades secretas, la que, dominada por la elite inglesa, podría haber dado a Inglaterra un gran poder sobre Francia. Obviamen­te, con un sistema así, la democracia no podría haber tenido absolutamente ninguna importancia, porque existe un veto po­sible de la aristocracia. Es una simple simulación de sistema de­mocrático. Esta cámara de los lores, que aún hoy existe en el Reino Unido, es la que —independientemente de su fachada de­mocrática— decide las cuestiones más importantes del país y está compuesta en forma excluyente por nobles que adquieren sus títulos en forma hereditaria, merced a favores de la corona o por ser agentes del rey. Se trata entonces de un régimen oli­gárquico en el que la democracia es una ilusión. El poder del pueblo con el voto es muy limitado en regímenes como éste, donde una de las dos cámaras no se selecciona por elección di­recta ni indirecta.

Las sociedades secretas establecidas en Francia, especial­mente las logias masónicas y la superelitista de los Illuminati de Baviera prepararon entonces cuidadosamente el terreno en va­rios frentes. Por un lado tenían bajo su órbita la incesante acti­vidad de escritores jacobinos como el suizo Marat, financiados directamente por el jefe francés del Gran Oriente (una podero­sa sociedad masónica), el duque de Orleans, quien era primo de Luis XVI y luego tomaría el nombre de Philippe Egalité (Felipe Igualdad). Contaban, además, con el apoyo de muchos otros in­fluyentes nobles. Pero también manejaban la economía y las finanzas del Rey con la ayuda de un siniestro banquero suizo pro­británico, Jacques Necker, ministro de Finanzas. Necker era acreedor de la corona francesa y fue precisamente por ese he­cho que fue nombrado en el cargo. Entre la ayuda a las colonias norteamericanas en su guerra por la independencia, las exen­ciones impositivas a la nobleza y al clero, y la situación recesi­va que vivía Francia, Luis XVI necesitaba ganarse la confianza de los acreedores para mantener su inestable equilibrio y por eso no tuvo más remedio que poner a un zorro a cuidar el galli­nero. De allí el nombramiento de Necker, quien recurrió a la fá­cil solución de endeudar exponencialmente a Francia y maqui­llar las cuentas públicas para que los préstamos siguieran aflorando, de modo que la corte pudiera mantener su nivel de gasto. Fue Necker quien aconsejó a Luis XVI el llamado a los Estados Generales, o sea a una especie de asamblea conforma­da por los nobles, el clero y la burguesía. Fue él también quien le dio la idea de que la representación entre los tres sectores no fuera por tercios, sino que la burguesía, el Tercer Estado, con­tara con la mitad de los votos. Su aspiración secreta era gene­rar un estado de cosas para que Francia adoptara el régimen po­lítico inglés que ya hemos comentado: una oligarquía financiera y terrateniente gobernando bajo la apariencia de una monar­quía constitucional.

Sin embargo, algo no salió como estaba planeado, y los Es­tados Generales se mostraron hostiles a Necker aunque no al Rey, se declararon en asamblea soberana y proyectaron instituir un régimen político muy diferente: la idea era aplicar una mo­narquía constitucional mucho más democrática que la inglesa, sin Cámara de los Lores. La idea no le cayó bien a Inglaterra ni a las sociedades secretas instaladas en Francia. En julio de 1789 Luis XVI expulsó del país a Necker, y vacilaba acerca de la posi­bilidad de aliarse con los Estados Generales. En ese momento la oligarquía financiera inglesa y las sociedades secretas estuvie­ron a punto de perder todo el poder en Francia. Y fue en ese pre­ciso momento que se proyectó un acto terrorista en París para "dar vuelta" esa peligrosa situación para los intereses financie­ros ingleses.

Por un lado las sociedades secretas y los banqueros mani­pularon a las masas disconformes por medio de la prensa fran­cesa28 —comprada tiempo atrás por los intereses británicos— para que se manifiestara de manera violenta con el argumen­to de que la expulsión de Necker iba a representar graves con­secuencias para Francia. Así nació la idea de impulsar un ata­que a la Bastilla, que era una cárcel en la que prácticamente no había presidiarios, y al mismo tiempo, merced a la presen­cia en París de tropas suizas, socias británicas de hecho, orde­naron al jefe militar de la Bastilla que abriera fuego contra el pueblo. Estos factores combinados motivaron la muy sangrien­ta revuelta conocida como "Toma de la Bastilla" que, como se ve, en realidad fue un proceso contrarrevolucionario maneja­do por Inglaterra, los banqueros y las sociedades secretas pa­ra abrir un abismo insalvable entre Luis XVI y la Asamblea Na­cional.

Con la toma de la Bastilla el proyecto de monarquía parla­mentaria en el que estaban interesados los franceses quedó en la nada. Pero el clima revolucionario ya estaba impuesto y no podía ser frenado. Las sociedades secretas intentaron condu­cirlo por medio de la actividad de muchos de sus miembros instalados en el poder: Danton, Mirabeau, Marat, Talleyrand, Robespierre, entre otros. Sin embargo, la situación no encon­tró estabilidad ni siquiera bajo el Gran Terror, cuando los ja­cobinos financiados por los ingleses tomaron el poder hacia 1794, debido en buena medida a que los intereses de las socie­dades secretas y de sus más conspicuos integrantes muchas ve­ces chocaban entre sí. Las sociedades secretas eran revolucio­narias, pero la revolución se había salido de control y el terror de Estado tampoco sirvió para lograr un orden de cosas me­dianamente favorable a los intereses de la elite financiera in­glesa, que veía cómo muchos de los miembros más prominen­tes de sus sociedades secretas establecidas en el país eran diezmados por la propia maquinaria fuera de control que era la revolución. Como si fuera poco, la hiperinflación diezmaba la economía francesa, carente de metales preciosos y de un pa­pel moneda fiable.

Es en ese momento cuando entró en escena Napoleón Bonaparte, quien no era más que un oficial en ascenso rápido hasta que el golpe de Estado de Brumario en 1799 lo eleva al primer consulado (máximo puesto de gobierno en aquella época). Ape­nas nombrado, Napoleón formó el Banco de Francia, a iniciati­va de los banqueros suizos que habían financiado el golpe de Brumario. En poco tiempo el Banco de Francia, nada menos que un banco privado con banqueros suizos —frecuentemente socios de los ingleses— como algunos de sus más prominentes accionistas, sería de allí en más el agente monopolista de la emi­sión de dinero. Por primera vez había atisbos de estabilidad po­lítica, cosa deseada por las sociedades secretas, que se encontra­ban exhaustas tras la descontrolada revolución que ellas mismas habían puesto en marcha.

Entonces Napoleón era visto como un oficial ambicioso que podía cuadrarse fácilmente ante las sugerencias de los banque­ros que lo rodeaban, sobre todo por el hecho de que inicialmen­te no se mostraba demasiado disgustado con la masonería, y de hecho existe bibliografía que habla acerca de su pertenencia a la misma. Pero Napoleón no resultó ningún sumiso servidor. Muy pronto, en 1802, tras la efímera paz firmada con el Reino Unido, se negó a firmar tratados comerciales parecidos a los que había sellado Luis XVI, con lo que esta vez la recesión se cernía principalmente sobre Inglaterra, que no podía colocar en Fran­cia sus grandes excedentes productivos de la era de la Revolu­ción Industrial.

La guerra por motivos económicos estaba nuevamente en marcha. Los banqueros de uno y otro lado, muchas veces socios entre sí, veían con beneplácito un nuevo estado de guerra en Eu­ropa, dado que las confrontaciones de ese tipo propiciaban el me­jor de todos los negocios bancarios: exigían fuertes expansiones de crédito a altas tasas de interés, pagadas por los gobiernos, que son siempre los mejores deudores. Además, aún no se entreveía que Napoleón se iba a revelar como un auténtico genio político y militar, dificilísimo de domesticar. Cuando ello comenzó a no­tarse, ya era tarde. Napoleón no se mostraba dispuesto a dejarse presionar por sociedad secreta alguna, por más poderosa que fue­ra. Se había coronado emperador y nuevamente la situación es­taba fuera de todo control para los ingleses en Francia. Más aún, Bonaparte —una auténtica mente brillante—, sabiendo que el fu­turo estaría dominado por las burguesías, intentó generar una burguesía auténticamente francesa independiente de la británi­ca, entregando tierras abandonadas por la aristocracia a "nuevos burgueses" que le respondieran incondicionalmente.

Su creación del Banco de Francia había sido nada menos que un "arreglo de compromiso" con los banqueros pro británi­cos para consolidar su poderío personal en Francia. De hecho, vale la pena considerar que en su cabeza rondara la idea de có­mo modificar las cosas en lo financiero una vez consolidado su poder continental, cosa que finalmente no ocurrió. Más aún, tras su caída, el "orden mundial" bajo el dominio económico-finan­ciero de los ingleses renació en Europa con toda su fuerza. Es­te resurgimiento se oficializó en el Congreso de Viena de 1814-1815, mediante el cual los diversos países acordaron reponer las monarquías derrocadas por Napoleón Bonaparte, acentuar la dependencia de las mismas respecto de la banca londinense, y asegurarse la posibilidad de propiciar más guerras que debilita­ran a las naciones de Europa continental merced a la declaración formal —en ese congreso del que participaron activamen­te las sociedades secretas— de que Suiza sería neutral frente a cualquier confrontación, generando así un paraíso financiero en el corazón de Europa que permitiera esconder las reservas de oro de las naciones beligerantes. Sin un paraíso financiero así, siempre neutral, las guerras posteriores en Europa quizás hu­bieran sido imposibles, porque sin el oro a resguardo, la misma guerra resultaría imposible, dado que sin oro a salvo no hay cré­ditos bancarios para financiar campañas bélicas.

Hay que citar aquí un factor que sólo será entendido mejor más adelante: el único gran opositor del Congreso de Viena fue el zar Alejandro I, quien al igual que varios de sus sucesores, y en forma notable Alejandro II y Nicolás II, impusieron gobier­nos fuertemente nacionalistas a un pueblo ruso de por sí ya muy nacionalista, y se convirtieron en enemigos de cualquier impe­rialismo: tanto el francés liderado por Napoleón como el exis­tente desde el siglo XVII: el británico-norteamericano. Quizá por ello, muchos de los zares de la dinastía Romanov murieron ase­sinados.

Lo cierto es que la guerra contra Napoleón demandó más tiempo, esfuerzo y dinero de lo que jamás podía pensarse. Sin embargo, la definitiva derrota francesa en Waterloo, orques­tada por sociedades secretas que convencieron a varios de los lugartenientes de Napoleón de traicionarlo en esa crucial ba­talla,29 significó no sólo el final del último obstáculo al predo­minio inglés del siglo XIX, sino también el definitivo encum­bramiento de la casa Rothschild en Europa, que merced a desleales especulaciones con los bonos británicos en la Bolsa de Londres a propósito del resultado de Waterloo, lograron multiplicar su capital en pocos días, arruinar a gran parte de su competencia y a incontables familias inglesas, y transfor­marse en la familia banquera más importante de toda Europa.

Como se ve, el escaso cuarto de siglo que separa el inicio de la Revolución Francesa y la caída definitiva de Napoleón, lejos de la visión "romántica" que la historia oficial ha querido ven­dernos, es una obra maestra de la actividad de las poderosas so­ciedades secretas ligadas con la banca. Una obra maestra de te­rror que posee todos los condimentos que se visualizan en la sociedad actual: terrorismo (las palabras terrorismo y terrorista nacen durante la Revolución Francesa, y en Francia), guerra, ruinosos tratados económicos de libre comercio, golpes de Es­tado financiados por los bancos, y creación de monopolios fi­nancieros privados.

A todos aquellos que aún duden acerca de la relación que pueden haber tenido con todos esos acontecimientos las oscu­ras sociedades secretas —y por lo tanto, la elite financiera que las domina—, quizá les baste con saber que el lema de la Revo­lución Francesa, "Libertad, Igualdad, Fraternidad", era el lema de la masonería en Francia. Y más aún: no sólo de la masonería francesa: como una gran cantidad de material fotográfico de lo­gias masónicas italianas de los años 1900 lo demuestra, el lema había sido adoptado también por la masonería italiana como propio. A propósito de ello, cabe mencionar que los masones se llaman entre sí "hermanos", de modo que la palabra "fraterni­dad" tendría su origen en el lema revolucionario francés. Cuan­do se dice que la Revolución Francesa no fue otra cosa que una revolución burguesa se dice una verdad por una sencilla razón: jamás, ni en los momentos más radicales de la revolución, se pu­so en riesgo la propiedad privada que no fuera del clero o de la parte de la nobleza que había huido de Francia. En segundo lu­gar, en ningún momento de la revolución se repudió la deuda pública, ni siquiera en los momentos en que Francia sufrió una terrible hiperinflación, cuando, entre 1793 y 1797, hubo un au­mento acumulado de precios que llegó al 10.000% en sólo 5 años. Ocurre que repudiar la deuda pública hubiera significado afectar seriamente los intereses de los banqueros, quienes ha­bían posibilitado y armado el caótico estado de cosas de Fran­cia antes y durante la revolución.

Recapitulando entonces, veamos qué ocurrió a fines del si­glo XVIII: Luis XVI y Francia financiaban mediante préstamos, tomados en las principales casas bancarias, la Revolución Ame­ricana, en la cual participaron la masonería y los Illuminati. Co­mo retaliación, aunque sólo en parte, las sociedades secretas y los propios Illuminati formaron el caldo de cultivo para la Re­volución Francesa sobrevenida trece años más tarde. La misma culminó con Napoleón, niño mimado —y luego rebelde— de las sociedades secretas, quien al principio de su imperio fundó el Banco de Francia, un banco privado cuyos accionistas eran los mismos beneficiados con las deudas contraídas por Luis XVI pa­ra el sostenimiento de la Revolución Americana, así como con aquellas contraídas por los ingleses para orquestar la propia Re­volución Francesa. ¿Quiénes fueron los indiscutibles ganadores? Los banqueros y las sociedades secretas. ¿Quiénes los perdedo­res? Francia quedó hecha trizas, Inglaterra exhausta tras com­batir a Napoleón, y los Estados Unidos se hicieron independien­tes, aunque a la vez se mantuvieron como una nación endeble e incipiente, una mera ex colonia. Las naciones, como fuente de poder, son las verdaderas perdedoras. ¿No es éste, acaso, el ob­jetivo político y económico —y siempre lo ha sido— de la elite globalista?

Pero sería erróneo creer que los objetivos de la denominada "Revolución Francesa" fueron solo económicos. También los hu­bo geoestratégicos. Ocurre que el matrimonio entre Luis XVI y María Antonieta había sido efectuado con la intención de estre­char vínculos entre Francia y el Sacro Imperio Romano-Germá­nico, dado que la reina francesa era hija de los emperadores aus­tríacos de la casa Habsburgo. En aquella época el Sacro Imperio abarcaba lo que hoy es Austria, el centro y norte de Italia, el sur de Alemania, Hungría y Checoslovaquia. Era socio natural del papado y había sido gobernado con frecuencia, aunque no ex­clusivamente, por príncipes Habsburgo, muchas veces protec­tores y otras rivales de Roma. Una asociación con Francia era deseada para frenar los planes expansionistas de Inglaterra y formar de esa manera una gran alianza europea continental.

Por eso la campaña contra Luis XVI y María Antonieta se lanzó apenas concretado el matrimonio. Toda suerte de rumo­res circulaban al respecto en las calles de París, factor que mi­naba la confianza popular en los reyes. Circulaban innumera­bles rumores, desde supuestas infidelidades mutuas hasta el he­cho de que los hijos del matrimonio no eran en realidad de Luis XVI. Lo cierto es que el sucesor del trono podría haber sido no sólo rey de Francia, sino también emperador de una especie de "Unión Europea" continental. La denominada Revolución Francesa, azuzada por diversas sociedades secretas socias de Ingla­terra —especialmente los Illuminati—, impidió el nacimiento de un superimperio europeo rival del inglés. Ello sería solamente un primer paso contra la Unión de Europa continental, pero ha­bría dos más. El segundo sería dado en 1870, cuando tras la incesante actividad de sociedades secretas se formaron los reinos de Italia y Alemania. La formación de ambos países —hasta ese momento fraccionados en diversos reinos, principados y duca­dos— no solamente restó tierras al Sacro Imperio Romano-Ger­mánico, sino que también gestó la posibilidad de grandes rivalidades entre naciones europeas que podrían derivar en guerras propicias a las ambiciones imperiales de Inglaterra y los intere­ses de los banqueros londinenses que las financiarían.

El tercer y último paso contra el Sacro Imperio fue dado en 1918, cuando tras la Primera Guerra Mundial cayeron o se de­bilitaron las monarquías de Europa continental que podían re­presentar algún obstáculo a los intereses de fragmentación de los ingleses. No es casualidad, entonces, que justo en ese momento, cuando desaparecieron los últimos obstáculos al impe­rialismo anglo-norteamericano, nacieron simultáneamente el CFR (Council on Foreign Relations) y el RIIA (Royal Institute for International Affairs), verdaderos think tanks que, bajo la fa­chada de sociedades pluralistas y filantrópicas, ayudaban a re­gularizar las actividades de verdadero saqueo que hasta ese mo­mento se venían realizando exclusivamente por la acción de sociedades secretas. En el momento en el cual desaparecieron los rivales en Europa continental, y además se contaba con influencia eficaz sobre casi todas las zonas del globo con recursos naturales importantes, es cuando las actividades —salvo el te­rrorismo— que antes llevaban a cabo clandestinamente socieda­des secretas, empiezan a ser realizadas a la luz del día por el CFR y el RIIA.30

Eso para comenzar... mas tarde posteo otros fragmentos...
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Jue 18 Sep 2014 - 12:03

Sobre el Plan para destruir a la Union Soviética...

Dólar versus rublo


Durante la época de la "Guerra Fría", la propaganda constan­te en los medios de comunicación ingleses y norteamericanos —y en las agencias de noticias controladas por la elite— acerca del grado de peligrosidad del comunismo y de la Unión Soviética en general eran una constante a la cual todos tuvimos que habituar­nos. Esa propaganda impedía pensar con libertad la situación in­ternacional, dado que actuaba como un condicionante mental para muchos pensadores. De tal manera, pasó inadvertida una debilidad estructural intrínseca que tenía el régimen soviético en comparación con el sistema capitalista al estilo norteamericano. Dicha debilidad era de tal magnitud, que no era difícil advertir que el imperio soviético no era más que un enemigo con pies de barro, tal como quedó en evidencia con su caída.

En realidad se trata de una cuestión bastante sencilla de ex­plicar. Ocurre que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la unidad monetaria utilizada en Occidente como reserva de valor era, y es, el dólar. Los pagos internacionales debían efectuarse en esa moneda, tanto en lo concerniente al comercio de mercancías y servicios como a los movimientos internacionales de capitales. En los raros casos en los que esas operaciones no se concretaban en dólares, se lo hacía en otras divisas fuertes. El rublo jamás fue, ni siquiera en la era más dorada del imperio soviético, ni siquie­ra una alternativa mínima como reserva de valor frente al dólar. No era, y nunca lo fue, lo que se llama una divisa y es posible iden­tificar las causas de esa condición. Por ejemplo, los abultados déficit fiscales en los que incurría la Unión Soviética se solían solventar con la emisión lisa y llana de rublos. Como el sistema soviético se caracterizaba por una planificación centralizada con cuotas de producción y precios fijados por el Estado, esa emisión de rublos en un primer momento no causaba alta inflación dado que las fábricas y los comercios vendían y compraban a precios fijos y controlados "desde arriba". Sin embargo, la emisión mo­netaria en la URSS presionaba de manera incesante sobre la pa­ridad del rublo en el "mercado negro", haciendo que se devalua­ra constantemente contra el dólar y otras monedas occidentales, debido a lo cual la demanda de rublos en Occidente era práctica­mente nula. De tal manera, desde los años 80 especialmente, las importaciones que realizaba el bloque soviético en conjunto de­bían ser pagadas en dólares contantes y sonantes, y ya no a cré­dito como en buena medida se hizo hasta esta esa fecha. En cam­bio, las importaciones que realizaban los Estados Unidos podían siempre pagarse en dólares, que son emitidos a discreción por el FED, el banco central privado norteamericano. En otras palabras, la Unión Soviética y sus satélites querían y necesitaban dólares, mientras que en Occidente nadie estaba interesado siquiera en ver cómo era el billete de un rublo.

Esa asimetría entre el dólar y el rublo, o sea el hecho de que los Estados Unidos pudieran imprimir billetes verdes según su propia necesidad para efectuar pagos, mientras que la Unión So­viética dependía indefectiblemente de un abultado superávit de balanza comercial para realizar nuevas compras de productos de consumo, bienes intermedios, materias primas y bienes de capital, determinaba una debilidad estructural del sistema so­viético, que por esa sola causa no podía ser un verdadero rival económico de los Estados Unidos.

La debilidad soviética se acentuó mucho más luego de 1971, cuando el mundo entero, con los Estados Unidos a la cabeza, abandonó el sistema de Bretton Woods que se caracterizaba por una paridad fija entre las monedas de los diversos países y el oro. Hasta 1971, los Estados Unidos tenían ciertas restricciones pa­ra emitir dólares: mientras sus reservas de oro fueran abultadas no había problemas, pero si caían, sus posibilidades de expan­sión crediticia y de compra en el exterior se veían deterioradas. El único momento cuando la supremacía del dólar sobre el ru­blo se vio levemente amenazada fue precisamente cuando en los Estados Unidos se tomó la decisión de abandonar la paridad rí­gida con el oro. En ese momento se corría el riesgo de que el mundo entero prefiriera el oro y repudiara al dólar como reser­va de valor. Sin embargo, salvo durante las crisis petroleras de los años setenta, cuando el oro subía sin cesar, eso no ocurrió, y por lo tanto el dólar consolidó y acentuó su papel internacional de reserva de valor. Desde 1971, entonces, los Estados Unidos ya ni siquiera necesitaban acumular oro para respaldar al dólar. Los pagos internacionales generalmente se hacen en su mone­da, todas las materias primas cotizan en su moneda y por lo tan­to su poderío mundial se acentuó por este simple hecho: la gen­te, en el mundo, suele aceptar dólares y atesorarlos como forma predominante de ahorro.

El rublo, en cambio, no contaba con esa ventaja en ningún lugar del mundo. Ni siquiera internamente, donde la población estaba dispuesta a pagar varias veces lo que la paridad oficial entre dólar y rublo valía para poder también ahorrar en la mo­neda norteamericana, el supuesto "rival a muerte" de la Unión Soviética.

Este factor, que marcaba una debilidad intrínseca muy impor­tante de la economía soviética, se vio agravado por un elemento adicional: la URSS sólo era competitiva en tres productos: petró­leo, oro y armas. Por lo tanto, las exportaciones soviéticas se concentraban en esas tres áreas, con un agravante: las armas ge­neralmente se vendían a los socios soviéticos, países que general­mente podían pagar sus armamentos en rublos y muchas veces a crédito, por lo que la Unión Soviética casi no veía dólares por sus ventas internacionales de material bélico. Si estas grandes des­ventajas no se hicieron sentir fuertemente en los mercados duran­te los años setenta, acelerando la caída soviética, fue solamente porque los precios del petróleo y el oro alcanzaron sendos récords mundiales en aquella década, lo que le proporcionó cierta capa­cidad de soportar una situación cada vez más complicada a me­dida que la brecha entre la cotización oficial del rublo y la del "mercado negro" se ampliaba, ocasionando una espiral negativa en cuanto a competitividad del país.

El gran "ajuste de cinturón" que siempre vivió la población rusa en cuanto a su capacidad de consumo se relacionaba con estas cuestiones. La Unión Soviética debió llegar a gastar hasta 25% de su PBI en defensa, a fin de poder mantener la paridad bélica con los Estados Unidos. Ello marcaba una pronunciada inclinación de la economía hacia la industria de la guerra, con muchas implicaciones negativas: un bajo nivel de vida, falta de competitividad, escasez de bienes de consumo y bajos niveles de dólares en las reservas para comprar en el exterior. El modesto nivel de vida promedio de los soviéticos debió servir para adver­tir en Occidente que en realidad el "gigante comunista" nunca podía ganar la guerra ni la paz con los Estados Unidos. Sin em­bargo, la propaganda y la publicidad diseminadas en forma constante en los medios de comunicación impidieron que estas sencillas cuestiones fueran tomadas en cuenta.


El comienzo del fin

Con el acceso de la dupla Reagan-Bush al poder en los Esta­dos Unidos, a comienzos de los años ochenta, se aprovecharon algunas cuestiones de política interna de ese país que podían ayu­dar a derrumbar para siempre al "gigante comunista". En los Es­tados Unidos se presentaba una alta tasa de inflación que obliga­ba a su banco central a mantener altas las tasas de interés. Fue en ese momento cuando la CIA, con Bill Casey a la cabeza y Ro­bert Gates como su segundo, planificó minuciosamente una es­pecie de "guerra oculta y silenciosa" para ganar definitivamente la "Guerra Fría". Tenían motivos, como veremos, para "desem­barazarse de ese enemigo y pasar a otro". Las altas tasas de inte­rés norteamericanas desde el comienzo de la década de 1980 se hicieron sentir con todo su rigor en los países periféricos como los de América latina. Sin embargo, derrumbar a la Unión Sovié­tica, el "imperio del mal" según Reagan, exigía una serie de polí­ticas concertadas que explotaran a fondo las ventajas que los Es­tados Unidos, según hemos visto, tenían.

Fue de esta manera que el gobierno norteamericano apli­có las siguientes medidas, planificadas en reuniones secretas en las que casi nunca participaron más de cinco personas a la vez. Los principales personajes de esas reuniones secretas fue­ron Ronald Reagan, George Bush padre, William Casey, John Poindexter y Caspar Weinberger. Concretamente, las medidas son las siguientes:


a. Acordar con Arabia Saudita una superproducción petrolera a cambio de armas y "protección" estadounidense para la casa real saudí —duramente resistida por algunos sectores sauditas y entre sus vecinos países— a fin de deprimir los precios del petróleo hasta que llegaron a caer por debajo de los 10 dólares el barril. De esa manera, el principal producto por medio del cual la Unión Soviética se nutría de los dólares que necesitaba para pagar al exterior valía cada vez menos, con lo que ésta veía reducidas sus posibilidades de importar materias primas, bienes intermedios, y otros productos del exterior. Se trataba de una reducción notable, pues el precio del barril en los primeros años de la década rondaba los 34 dólares y los Estados Unidos deseaban deprimirlo por debajo de los 20 dólares. De esa manera, la URSS se vería privada de unos 14.000 millones de dólares anuales de ingresos. El petróleo era la principal exportación soviética, constituyendo, según el año, entre el 50% y el 75% de sus ventas al exterior en moneda dura. Sus reservas de oro alcanzaban un nivel de 30 o 40.000 millones de dólares, según estimaciones de la CÍA, por lo que una caída del barril significaría unrudísimo golpe a sus exportaciones, con el agravante de que la URSS había alcanzado sus topes de producción. La consecuencia inmediata fue una importante reducción en su capacidad de importar bienes, un deterioro de su crecimiento y una merma en sus reservas externas de oro y moneda dura.


b. Acordar con Sudáfrica una producción creciente de oro en un contexto de aumento de tasas de interés en Norteamérica. El resultado fue un pronunciado derrumbe en el precio del metal, que cayó en pocos años de más de 900 dólares la onza a menos de 280. De tal manera, la Unión Soviética veía también menguadas sus posibilidades de acceder a bienes importados, dado que se trataba de su segundo producto generador de divisas. El "duopolio" tácito que existía en el mercado mundial del oro por parte de ambos países (Sudáfrica y la Unión Soviética), que muchas veces se ponían de acuerdo para fijar producción, exportación y precios del metal, quedó trunco a partir de la visita del director de la CIA, William Casey, a Pre­toria en 1982.


c. El tercer rubro de exportación —y con estos tres se cubren más del 90% de las exportaciones soviéticas en "moneda dura"— era el material bélico. A los países de la órbita comunista se lo vendía en rublos, es decir que los subsidiaba. Sólo a los países del Golfo Pérsico, rico en petróleo, se los podía vender en dólares. Pero desde inicios de los ochenta, los Estados Unidos, a través de acuerdos de la CÍA y otros organismos, lograron ser proveedores mayoritarios y casi exclusivos de armas a los países del Golfo, porque en la guerra entre Irak e Irán de los años 80, proporcionaron armas a ambas naciones a pesar de que Irán era su archienemigo —lo cual dio lugar al famoso caso "Irán-Contras"—, y también a Arabia Saudita y otras naciones del Golfo que se armaban para pelear entre sí, llegado el caso. Doble triunfo para Reagan-Bush: no sólo daban un contundente golpe económico a los soviéticos, sino que instalaban un clima de mutua desconfianza, recelos y hasta posible guerra de "todos contra todos" en la zona del mundo más rica en petróleo, producto que como hemos dicho había llegado a su "pico de producción" en los Estados Unidos en 1970.33


d. Provocar un salto en la carrera armamentista merced a la llamada "Guerra de las Galaxias" (Strategic Defense Iniciative, o "Star Wars"), lanzada al comienzo de la era de Reagan, y archivar el proyecto de tratado armamentístico conocido como SALT II, a fin de obligar al imperio soviético a concentrar cada vez más sus esfuerzos en una guerra que nunca se produciría, alejando toda posibilidad de que pudiera haber una mejora en el nivel de vida de su población. Esto condujo a que en la segunda mitad de la década el gasto público en materia militar y de defensa alcanzara nada menos que el 25% del presupuesto total soviético, algo sostenible solamente en plazos muy cortos, tratándose de una economía basada en una moneda débil co­mo el rublo y con problemas crecientes para obtener divisas. Todo esto contaba con un agravante: la tecnología soviética es­taba diez años atrasada en comparación con la estadouniden­se, y los avances de la computación y la electrónica en los sis­temas de defensa que proponía Reagan no sólo ponían en un enorme brete a todas las fuerzas armadas rusas, sino que de­mandaron enormes desplazamientos de recursos. Esto facilitó el cumplimiento de la profecía del politólogo francés Emmanuel Todd quien muchos años antes planteaba que el ejército, junto a la burocracia del Partido Comunista pasarían de ser la defensa del sistema, a convertirse en el propio corazón del sis­tema, a ser el sistema. Muchas de las escasas reservas soviéti­cas de dólares debían gastarse en insumos importados para su industria bélica, y ello sólo cuando era posible escapar al em­bargo tecnológico que "extrañamente" nunca había existido en­tre 1920 y 1980, el cual acentuaba —por supuesto— su escasez de dólares.


e. Presionar a los organismos de crédito internacional como el Banco Mundial y los bancos privados europeos y norteamericanos para que recortaran las líneas de crédito y elevaran pronunciadamente las tasas de interés a los países del bloque soviético que ya estaban afiliados al FMI, como Polonia. La medida tuvo como fin debilitar a los aliados de la Unión Soviética y obligar a elevar el nivel de ayuda en divisas fuertes desde Moscú a otras capitales de Europa Oriental, extenuando más las propias reservas en divisas.


f. Establecer un boicot a la venta de bienes de capital de la industria petrolera a los soviéticos en todo Occidente, con el propósito de impedir la construcción de un gran gasoducto desde los campos rusos a Europa Occidental. El proyecto era visto como una cuestión de vida o muerte por los planificadores soviéticos, dado que podría haber provisto de importantes divisas en dólares provenientes de Europa a la Unión Soviéti­ca durante la década de 1990. El boicot se extendió luego a to­do tipo de tecnología y bienes de capital estadounidenses, o hechos bajo licencia estadounidense en terceros países. La URSS dependía desde su misma fundación de la tecnología y los bienes de capital norteamericanos que los Estados Unidos proveían no tanto por afán de lucro, sino para hacer de lo que sólo era otro sistema económico y político, un enemigo de grandes proporciones según los principios "filosóficos" que ya hemos visto, y a los cuales Leo Strauss, desde la Universidad de Chicago, dio luego forma e impulso, pero que en sí mismos ya existían.


g. Provocar la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética, mediante una previa infiltración de la CÍA en la región, a fin de extenuar al enemigo comunista en una larga guerra sin posibilidades de triunfo más allá de mantener el régimen comunista en aquella lejana zona y cortar a la vez los gasoductos que, pasando por Afganistán, proveían de gas casi gratuito al sur de Rusia. Pakistán fue, desde ese momento, un aliado incondicional de los Estados Unidos en esa operación. La CIA logró transformar una guerra de muy baja intensidad en una confrontación a gran escala en la que los soviéticos tuvieron que dilapidar reservas monetarias, naturales, manufacturas y decenas de miles de soldados.


h. Fomentar un estado de caos en Polonia mediante la financiación del sindicato Solidaridad a fin de que Moscú tuviera que desviar recursos de áreas prioritarias para atender a su socio estratégico de Europa Oriental. El financiamiento inicial había sido efectuado por la central obrera estadounidense AFL-CIO —la principal de ese país— durante los años setenta con Jimmy Carter en el poder. La CIA apoyaba desde entonces la infiltración norteamericana en un país que, según el tratado de Yalta, era de la órbita soviética. Desde la presidencia de Reagan, la propia CÍA se encargó de proporcionar fondos, logística y adiestramiento a miembros de Solidaridad, haciendo vano el intento soviético de estabilizar la situación en Polonia. Solidaridad no era otra cosa que la punta del "iceberg" bajo el cual se escondía la CIA.


i. Propiciar un embargo internacional de cereales a la Unión Soviética al cual debían plegarse, al menos, los Estados Unidos, Canadá y Australia, con el fin de que la población no pudiera abastecerse de alimentos y se produjera el caldo de cultivo in­terno para el surgimiento de convulsiones, o al menos una total desaprobación popular hacia el gobierno.


j. Convencer a sus aliados europeos de la OTAN de que baja­ran su dependencia del petróleo soviético a menos del 30% de su consumo, acercando posiciones entre Europa y la OPEP pa­ra que países del Golfo Pérsico reemplazaran a los rusos en el abastecimiento europeo. Esto se realizaba al mismo tiempo que se bloqueaba la venta de tecnología norteamericana para la construcción de gasoductos entre la URSS y Europa, factor que hacía "evaporar" otra amenaza geoestratégica de largo plazo pa­ra los Estados Unidos: la creación lenta, pero consolidada por las propias leyes inexorables de la economía, de un bloque económico-energético "eurorruso".


k. La emisión de un documento clasificado al máximo nivel en los Estados Unidos, el NSDD-75, firmado por Reagan y ela­borado por Richard Pipes (curiosamente, hoy historiador de cuestiones soviéticas en Harvard), en el que los Estados Unidos "derogaban" unilateralmente el tratado de Yalta en forma secre­ta, y daban por sentado que los países de la órbita soviética de­bían pasar lo antes posible a la estadounidense.


l. Todo eso se coronaba con la necesidad de mantener muy altas tasas reales de interés en el área del dólar, a fin de dificul­tar y encarecer cualquier acceso de la Unión Soviética al crédi­to internacional, cosa que además convenía en los Estados Uni­dos en ese momento para luchar contra la inflación.


A la luz de los resultados, rápidos y contundentes para los estadounidenses, cabe preguntarse entonces si la denominada "Guerra Fría" era una lucha entre dos superpotencias, o fue más bien una lucha entre la ya única superpotencia (los Estados Uni­dos) y una nación grande, militarmente poderosa, pero tecnoló­gicamente atrasada y con "los pies de barro" en materia econó­mica y financiera. ¿Fue la "Guerra Fría", acaso, poco más que un slogan en los medios de comunicación? ¿Era la caída del co­munismo y la URSS un hecho que podía detonarse cuando los Estados Unidos lo decidieran? ¿Por qué decidirlo en los años ochenta? Esta última pregunta tiene una respuesta contunden­te: desde 1970 la producción norteamericana de petróleo venía reduciéndose año a año, y por lo tanto una gran parte de la dis­tancia en el "poder real" de ambas naciones podía ir reducién­dose a medida que las reservas petroleras y gasíferas cayeran más rápidamente en los Estados Unidos. Esto se comenzó a dar precisamente en los años ochenta y noventa.

Con las doce premisas básicas que hemos visto la CIA logró el objetivo de fracturar primero al bloque soviético y luego a la propia URSS en los años ochenta y principios de los noventa. A ello es necesario agregar un muy importante factor adicional: el tecnológico. La economía soviética no promovía la imaginación ni la creación de nuevas tecnologías. Al no existir propiedad pri­vada ni un régimen de patentes que premiara al descubridor de un determinado producto, no había incentivo alguno a las me­joras tecnológicas. Dada esta circunstancia, y desde el propio inicio de la Revolución Rusa en 1917, los soviéticos se veían en la obligación de copiar la tecnología occidental. Para ello acu­dían al fácil recurso de importar bienes del exterior, desarmar­los, comprender así su funcionamiento, y luego fabricarlos. Lo mismo hacían con maquinarias y bienes de capital. En Occiden­te las propias empresas que exportaban a la Unión Soviética co­nocían el procedimiento y a pesar de eso nada hacían por dete­nerlo. No era solamente una cuestión de ganar dinero con los dólares que los soviéticos podían pagar merced a sus exporta­ciones de petróleo. También era, muy por sobre todo, una cues­tión geoestratégica: si la economía soviética dependía de la tec­nología occidental para sobrevivir, se generaba una dependencia que podía mantenerse e incluso incentivarse en tanto y en cuan­to resultara conveniente que el "enemigo" siguiera funcionando correctamente en su rol de "enemigo".

En cuanto comenzara a resultar vital que el "enemigo" fue­ra derrotado, bien se podrían cortar rápidamente las exporta­ciones de bienes de alta tecnología a la Unión Soviética y ence­rrarla así en un creciente atraso tecnológico. Exactamente eso fue lo que ocurrió, dado que las exportaciones de bienes de ese tipo alcanzaban un 32% del total de exportaciones norteameri­canas a la URSS en 1975. En 1983 esa proporción había descen­dido al 5 por ciento.

Este factor no debe ser minimizado: según el especialista Antony Sutton, de los 24 sectores industriales de la economía soviética, sólo en uno, concentrado en la producción de cier­tos alimentos, no había ninguna dependencia de la tecnología occidental. En todos los demás, incluidos los estratégicos secto­res militar, aeroespacial, automotriz y eléctrico, entre otros, la dependencia de tecnología importada de Occidente —y por lo tanto la vulnerabilidad del sistema soviético— era muy alta. Sut­ton calcula que en todos ellos la dependencia tecnológica iba del 50 al 100 por ciento.

...A que se parece este plan????....
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Cevarez el Jue 18 Sep 2014 - 19:51

Berro hermano, tremendos articulos te lanzaste.

En cuanto al primero (que lei completo), parece que hablaramos del siglo XX y XXI y no del siglo XIX. Es increible que el tiempo ha pasado, pero no las practicas. A veces me pregunto si realmente el mundo esta en crisis o siempre ha sido provocada para abultar las cuentas de los banqueros?

En el segundo me llama la atencion el hecho de que la URSS importaba tecnologias desde EEUU. Esto me hace pensar mucho sobre el primer articulo...

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Jue 18 Sep 2014 - 20:19

Cevarez escribió:Berro hermano, tremendos articulos te lanzaste.

En cuanto al primero (que lei completo), parece que hablaramos del siglo XX y XXI y no del siglo XIX. Es increible que el tiempo ha pasado, pero no las practicas. A veces me pregunto si realmente el mundo esta en crisis o siempre ha sido provocada para abultar las cuentas de los banqueros?

En el segundo me llama la atencion el hecho de que la URSS importaba tecnologias desde EEUU. Esto me hace pensar mucho sobre el primer articulo...

Y voy a seguir colocando mas articulos...

Y precisamente... yo no puedo asegurar al 100% que los acontecimientos que el autor "teje" sucedieron exactamente asi (ni el mismo lo puede asegurar, de hecho todo lo que escribe no es mas que una SINTESIS de un carajazo, CARAJAZO de libros, articulos, periodicos, que el mismo coloca como BIBLIOGRAFÍA al terminar cada uno de los capitulos de sus libros... como para que no digan que es EL el que anda inventando vainas... pues no... NO ESTA INVENTANDO NADA... ES UN ENORME TRABAJO DE INVESTIGACIÓN) sin embargo, lo que si es cierto son LOS RESULTADOS Y LOS BENEFICIARIOS de cada uno de dichos eventos... es decir... lo que es importante SON LOS RESULTADOS, Y LA MECANICA mediante la cual se fueron FABRICANDO(LITERAL) LOS EVENTOS... y claro LOS OBJETIVOS QUE FUERON ALCANZADOS... incluso es superinteresante como incluso cuando las cosas "no salen como esperaban", como logran sacar el mayor provecho de la situacion...

PD. En la medida que uno va leyendo los libros se da cuenta lo "insignificante" que es uno... y el nivel de IGNORANCIA con el que la mayoría de la población vive... de verdad es como una MATRIX...

Quiero alcarar que por "sanidad mental" es importante no transformarse en un "fanatico religioso" de los libros, lo mas importante, o el mensaje como tal es realmente QUE LA GENTE ABRA LOS OJOS...
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Vie 19 Sep 2014 - 17:36

Extracto sobre el Asesinato de Kennedy...

Farewell America informa que el candidato predilecto de la elite en las elecciones de 1960 no era Kennedy sino Nixon, que había mostrado un mayor grado de sumisión a los más podero­sos empresarios de los Estados Unidos. Sin embargo, la candi­datura de Kennedy era tolerada por el hecho de que descendía de una familia patricia y rica que en el pasado había sido socia de la elite. El padre de John, Joe Kennedy, había sido embaja­dor en Gran Bretaña en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, función que revela las importantes relaciones de la familia. Ade­más hasta muy poco tiempo antes de la elección, Nixon lucía co­mo favorito absoluto en las encuestas, por lo que no se conside­raba que Kennedy tuviera grandes oportunidades.

Sin embargo, Kennedy ganó. Y sus acciones de gobierno a poco tiempo de andar se mostraron claramente contrarias a los deseos de la elite y sus socios del aparato industrial-militar. A inicios de los años sesenta la Guerra Fría pasaba por uno de sus peores momentos, y los "halcones" del Pentágono no deseaban enfriar el enrarecido clima que se había generado con la Unión Soviética, sino ir a fondo. Inclusive no se descartaba una gue­rra. El Caso Cuba, que había sido resuelto pacíficamente entre Kennedy y Kruschev en octubre de 1962, podría haber significado el inicio de una tercera guerra mundial si los misiles rusos no hubieran sido retirados de la isla, dado que a Kennedy no le habría quedado otra salida que bombardear las instalaciones misilísticas cubanas. Pero el hecho de que el conflicto se hubie­ra resuelto pacíficamente había enojado mucho a algunos de los militares más poderosos del Pentágono, los fabricantes de ar­mas y los cubanos anticastristas residentes en Florida, que ob­viamente rechazaban el acuerdo por medio del cual mientras Rusia retiraba sus misiles, los Estados Unidos hacían lo mismo con los suyos en Turquía.

Pero la actividad antibélica de Kennedy no sólo hacía im­probable una guerra abierta con la Unión Soviética o una in­vasión a Cuba: también hacía imposible pensar en una escala­da en la guerra de Vietnam como la que finalmente se produjo bajo su sucesor Lyndon Johnson. Kennedy, que inicialmente se había prestado a un aumento en las actividades norteameri­canas en Vietnam, venía planeando un retiro total de las tro­pas del sudeste asiático para fines de 1964, y lo había hecho saber. Los generales más recalcitrantes del Pentágono y las principales empresas bélicas eran los primeros damnificados por la actitud pacifista del presidente, pero no eran de mane­ra alguna los únicos: la industria petrolera era la otra gran perdedora en la materia dado que una de sus intenciones era explorar la costa vietnamita,49 que en aquellas épocas se consi­deraba —erróneamente— como un sector del planeta con muy vastas posibilidades petroleras a mediano plazo.

Kennedy habría advertido rápidamente que debía enfrentar la oposición de esos sectores a sus planes, pero no se quedó atrás ni se amedrentó: a fin de dificultar la oposición a sus medidas pacifistas emitió un decreto por medio del cual los Estados Uni­dos se reservaban la posibilidad de incautar recursos naturales de propiedad de empresas norteamericanas en el exterior en ca­so de guerra. La advertencia a las petroleras era clara: si había guerra podían perder, y mucho. Quizá creyó que así podía fracturar el inmenso bloque empresarial que se le oponía, y a la vez impedir la guerra.

Aunque fuertes, aquéllos estaban lejos de ser los únicos gestos hostiles hacia la elite que Kennedy tomaría en su corto mandato de poco menos de 3 años. Emprendió una suerte de cruzada con­tra el monopolio interno que ejercía la United Steel, principal fa­bricante estadounidense de acero, cuyos constantes aumentos de precios eran interpretados por Kennedy como operaciones monopólicas que afectaban la salud de la economía y el bolsillo de los norteamericanos. Los empresarios vieron en general con te­mor esa medida del presidente, quien mediante claras amenazas públicas logró hacer retrotraer los precios del acero.

Sin embargo, la principal medida que tomó Kennedy y que habría sellado la suerte tanto de su gobierno como de él mismo, habrían sido dos disposiciones contra los intereses del sector pe­trolero oligopólico. Concretamente, al momento de su muerte Kennedy proyectaba una rebaja del "oil deployment allowance" —que, como hemos visto, más tarde le daría fuertes "dolores de cabeza" a Richard Nixon— pero por sobre todo fue autor de una ley (la "Kennedy Act", aprobada finalmente el 17 de octubre de 1963, apenas un mes antes de su muerte), por medio de la cual a las corporaciones norteamericanas se les igualaba la tasa de impuestos de las utilidades distribuidas con la de las ganancias reinvertidas en el exterior. Si bien la medida era para todos los sectores económicos, afectaba especialmente los resultados de las petroleras, y sobre todo en lo que competía a sus vastos yacimientos en el exterior, cuyos beneficios estaban exentos del impuesto a las ganancias porque no estaban gravados. Como las petroleras norteamericanas se estaban expandiendo rápidamen­te en todo el mundo, esto afectaba de manera muy determinan­te sus intereses. Después de la aprobación de la "Ley Kennedy" el sector petrolero debía pagar el 35% de impuesto a las ganan­cias por todos sus importantes beneficios en el exterior. Kennedy había considerado, muy correctamente, que las petroleras goza­ban de una muy injusta ventaja sobre otros sectores al no pagar impuestos por sus cuantiosas actividades en el exterior, y selló esa "ventanilla abierta", con lo cual también habría sellado su suerte.

La elite, según Farewell America, habría formado un comité con la función de planear la muerte del presidente. Éste habría estado formado, entre otros, por el petrolero texano H. Lafayette Hunt y el general "halcón" del Pentágono Edwin Walker, degradado poco tiempo atrás por Kennedy debido a sus expresiones públicas acer­ca de la necesidad de un enfrentamiento bélico con la Unión So­viética. Sin embargo, según se desprende de la investigación fran­cesa, éstos no habrían sido los autores intelectuales del crimen —cuya autoría no es difícil de imaginar—, sino los encargados de planearlo para que no hubiera fisuras. Había que planificar dete­nidamente el hecho dado que Kennedy se movía a todos lados con su custodia del Servicio Secreto. Era necesario comprar complicidades, contratar tiradores infalibles, encontrar un candidato para que fuera culpado del hecho, desviar cualquier intrusión molesta de la policía texana y del FBI, manipular la actividad de la prensa, etc. El comité habría hecho todo eso y habría contado con el apo­yo y la complicidad del FBI y su poderoso jefe J. Edgar Hoover, la policía texana (según Farewell America muy corrupta y compla­ciente con los grandes empresarios de la zona), altos cuadros de la CIA (muy enojada con Kennedy desde la expulsión de su jefe, Allen Dulles) y con un auténtico "escuadrón" de personas relacionadas con la Mafia y los cubanos anticastristas, quienes iban a llevar a cabo el crimen a nivel operativo.

O sea, se trató de un crimen diseñado en 3 niveles: el opera­tivo, el táctico y el estratégico. Farewell America detalla cómo has­ta el itinerario seleccionado para el automóvil presidencial de aquel fatídico 22 de noviembre de 1963 estaba diseñado para que la velocidad del vehículo que conducía a Kennedy no pudiera sobrepasar en algunos sectores los 30 kilómetros por hora y se facilitara el crimen, de cuya complicidad no habría escapado ni siquiera el propio chofer, quien conducía a una velocidad extre­madamente baja en algunos sectores del trayecto y no habría ace­lerado lo suficiente después del primer impacto de bala, lo que facilitó el segundo, mortal.

La Mafia se habría prestado muy gustosa a ceder parte de sus cuadros para realizar el asesinato, dado que tanto John co­mo Robert Kennedy habían demostrado ser, desde un primer momento, enemigos encarnizados de la Cosa Nostra al intentar luchar mucho más que sus antecesores contra el crimen organizado. Todo habría sido preparado hasta en sus mínimos deta­lles. Incluso el automóvil en el que era conducido el presidente —una limusina descubierta—, el vehículo ideal para facilitar un atentado, fue proporcionado por el propio FBI. La conclusión a la que arribó el servicio secreto francés en Farewell America es básicamente la misma a la que luego llegaría Oliver Stone en su film JFK: tres tiradores como mínimo, y probablemente cuatro. Ninguno de ellos habría sido Lee Harvey Oswald, quien engaña­do, habría sido seleccionado desde meses atrás para represen­tar el papel de asesino. Ése era el aporte de la CIA, ensañada con Kennedy por el freno que éste ponía a la invasión de Cuba y por la expulsión de su jefe más querido, Allen Dulles.

Datos posteriores al libro, que apareció en 1968 y recién pu­do leerse marginalmente en los Estados Unidos a partir de 1984, revelan que la versión contenida en el mismo es sumamente ajus­tada a la realidad. Por ejemplo, un testimonio de 1992 —casi vein­ticinco años después de la publicación— de la amante del ex pre­sidente Lyndon Baines Johnson, Madeleine Brown, quien además fue madre de Steven, un hijo suyo, señaló que la noche anterior al crimen de Kennedy presenció que se habían reunido a puer­tas cerradas en la casa del petrolero Clint Murchison, en Dallas, el también petrolero Haroldson Lafayette Hunt, J. Edgar Hoover (máximo jefe del FBI), Richard Nixon, Clyde Toison (FBI), John McCloy (ex presidente del Chase Manhattan Bank y hom­bre de confianza de la ex Standard Oil), y Harvey Bright (empre­sario petrolero). El vicepresidente Lyndon Johnson llegó tarde a la reunión. Al cabo de la misma, Johnson se despidió de Made­leine Brown diciéndole al oído: "Desde pasado mañana esos mal­ditos Kennedy no me van a volver a avergonzar. No es una ame­naza, es una promesa".

Lo cierto es que con el texano Lyndon Johnson en el poder, los militares y las empresas de armas lograron que la guerra de Viet­nam, lejos de acabar en corto tiempo, se profundizara a límites impensados. Asimismo, las empresas petroleras vieron cómo caía en el archivo la posible reducción de la "oil deployment allowance" planeada por Kennedy.

El asesinato habría sido recibido con beneplácito, además, en algunos de los más poderosos despachos de Wall Street, dado que John Kennedy había comenzado a emitir dólares desde el Depar­tamento del Tesoro, rompiendo con la costumbre de que sólo el Banco de la Reserva Federal emitiera moneda. El FED es, y siem­pre fue, un banco privado propiedad de los más poderosos finan­cistas de Wall Street.50 Tal actitud podía sentar un peligroso prece­dente para la elite financiera, dado que era un paso para quitarle a los banqueros privados la potestad de la emisión de moneda en los Estados Unidos. Por otra parte, también había despertado ale­grías en la NASA, agencia a la cual el presidente había intentado bloquearle en un principio buena parte del presupuesto dado que prefería distribuir el ingreso de otra forma. No hay que olvidar que los principales proveedores de la NASA son las propias empresas de armas que firman multimillonarios contratos con el Pentágo­no y Kennedy no deseaba llevar adelante costosos proyectos espa­ciales sino distribuir esos fondos equitativamente. Habría sido el propio Lyndon Johnson, muy relacionado con la NASA, quien ha­bría mediado ante él para lograr que no se bloquearan partidas presupuestarias de la agencia espacial, frente a lo cual Kennedy habría transigido a regañadientes, fomentando la carrera espacial con el fin de que las empresas armamentistas estuvieran atarea­das proveyendo insumos a la NASA y ganaran dinero de esa for­ma, a fin de que no lo presionaran para generar más guerras.51

La prensa oficial norteamericana no sólo hizo oídos sordos an­te las evidentes señales de que había habido una muy poderosa conspiración detrás del crimen de Kennedy, sino que incluso mi­ró para otro lado cuando surgían las pruebas, por ejemplo, cuan­do la propia Madeleine Brown apareció en 1992 en un show tele­visivo llamado A current affair en el que hizo por primera vez sus explosivas declaraciones luego volcadas en su libro Texas in the morning, silenciado también por la prensa al servicio de la elite.

Pero hay un muy jugoso dato adicional, más que sugestivo. El lector debería, al terminar este párrafo, detenerse un rato a meditar sobre el mismo: el fiscal del reabierto caso Kennedy en los años sesenta, Jim Garrison —quien, como hemos dicho, pa­ra algunos fue designado como fiscal del caso precisamente por­que no se trataba de un investigador demasiado sagaz— escri­bió un libro con las memorias de sus investigaciones sobre el juicio. El mismo se llama On the Trial of the Assassins (En la bús­queda de los asesinos). En él cuenta algunos entretelones de la investigación que sólo pudo llegar hasta escalones bajos, los ni­veles operativos del asesinato —que funcionaban específicamen­te en Nueva Orleans—, de la complicada maraña que condujo hasta el crimen. En las páginas 30 y 31 de dicho libro dice algo revelador, y lo hace como al pasar: que algunas de las reuniones secretas del equipo operativo se desarrollaban en un galpón que funcionaba a metros de la Oficina de Inteligencia Naval, del Ser­vicio Secreto (dependiente del Departamento del Tesoro), y so­bre todo del cuartel general de la CIA en la ciudad de Nueva Or­leans. Pero el dato no termina allí, pues los cuarteles generales de la CIA y el FBI en Nueva Orleans funcionaban dentro del Templo Masónico de la ciudad en los años sesenta.

Es algo que no debe extrañarnos. Recordemos las palabras que expresó el propio John F. Kennedy en su discurso público so­bre sociedades secretas y medios de prensa el 27 de abril de 1961, en el Waldorf Astoria, en el que embistió frontalmente contra las sociedades secretas y contra todo el sistema de prensa norteame­ricano. Ese discurso fue redactado en forma inmediata tras el fa­llido intento de la CIA de invadir Cuba. Dicha agencia le había so­licitado a Kennedy por teléfono, infructuosa y sospechosamente, una autorización de último momento a través de su jefe Allen Dulles (luego expulsado)52 nada menos que en la madrugada del pro­pio día del desembarco en Bahía Cochinos.

Recordemos textualmente a Kennedy en un fragmento de su más importante discurso:


La propia palabra "secreto" es repugnante en una sociedad libre y abierta, y nosotros, como pueblo, estamos inherente e históricamente opuestos a las sociedades secretas, los jura­mentos secretos y los procedimientos secretos.


Kennedy declaraba eso, reiteramos, en el mismo discurso en el que criticaba durísimamente al sistema de prensa norteameri­cano.53 En el mismo —que recomendamos al lector leer o escu­char íntegramente— pronunciado ante la American Newspaper Publisher Association, luego dice con todas las letras:


Se nos opone alrededor de todo el mundo una monolítica y despiadada conspiración que se apoya, primariamente, en medios encubiertos para aumentar su esfera de influencia (...) Es un sistema que ha reclutado vastos recursos huma­nos y materiales para construir una muy bien atada y alta­mente eficiente maquinaria que combina operaciones mili­tares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas. Sus preparativos son secretos, no se publican. Sus errores se entierran, no se señalan. Quienes disienten son si­lenciados, y no reconocidos. Para ello no se repara en gastos. Los rumores no se publican. Ningún secreto se revela. Es la máquina que conduce la Guerra Fría, en resumen, con una disciplina rigurosa que ninguna democracia puede esperar o desear alcanzar...54

...54- El discurso de Kennedy esta dirigido a la prensa norteamericana. No menciona una sola vez la palabra "comunismo" por no estar dirigido a los soviéticos sino a sectores internos estadounidenses enquistados en la CIA, miembros de sociedades secretas, que le hacian juego a quienes pretendian elevar las tensiones militares y provocar mas escaladas armamentistas con los rusos. Kennedy dice en el mismo discurso, en una quizás demasaido enigmática frase "Los eventos de las ultimas semanas pueden llegar a "Iluminar" el desafio para algunos...". A buen entendedor, pocas palabras con respecto al significado de "limuniar". Es también en esa misma alocución contra las sociedades secretas y "los que pueden iluminar el desafío" que Kennedy hace clara referencia a que no se trata de aumentar las tensiones con la URSS, cuando afirma "Ahora los vínculos entre las naciones primero formadas por "El compás" (símbolo masónico) nos han convertido a todos ciudadanos del mundo (vieja pretención de las sociedades secretas). Las esperanzas y temores de uno, son las esperanzas y temores de todos". Obviamente se trataba de un discurso claramente pacifista, en el que Kennedy criticaba fuertemente al sistema de prensa norteamericano por apoyar abiertamente a los sectores mas reaccionarios del Pentágono y de la industria armamentística, y colaborar con sociedades secretas y la CIA para fomentar la peligrosisima carrera armamentísta que el deseaba evitar y que la sociedades secretas intentaban fomentar con el apoyo de la prensa en general. Para informarse sobre la participación de George Bush padre en los hechos, consultar "Hitler ganó la Guerra" cap IV, o el muy completo "The Unauthorized Biography of George Bush" de Webster Tarpley...


No se refería al comunismo, sino a la estructura de la cual la CIA era sólo la punta del iceberg.

Respecto de la prensa, se despachó en idéntico sentido, criti­cándola por partida doble: por desinformar sobre las cuestiones importantes y revelar secretos de Estado cuya difusión iba contra los intereses de los Estados Unidos, pero a favor de la carrera ar­mamentista, y por lo tanto de la elite. Decía Kennedy, ante la atónita mirada de los dueños de medios, editores y periodistas:


Sin debate, sin crítica, ninguna administración y ningún país puede sobrevivir. Es por eso que el legislador ateniense So­lón decretó que un ciudadano que escapaba de las controver­sias cometía un crimen. Y es por eso que la prensa fue prote­gida aquí por la Primera Enmienda a la Constitución. Es el único negocio protegido constitucionalmente. Y no lo está principalmente para divertir y entretener. No lo está para enfatizar lo trivial y lo sentimental. No está protegida para "dar al público simplemente lo que éste quiere", sino para infor­mar, para enardecer, para hacer reflejar, para mostrar nues­tros peligros y nuestras oportunidades, para indicar nuestras crisis y nuestras opciones, para liderar, moldear, educar e in­cluso a veces, para hacer enojar a la opinión pública...


El propio presidente de los Estados Unidos —quizás en rea­lidad su último presidente "en serio"embestía a diestra y si­niestra contra nada menos que las sociedades secretas y la prensa, en sus propias narices, reprochándole a las primeras su accionar secreto, antinacional y sectario, y a la segunda el uso de los medios para desinformar y producir el escapismo barato que hoy se suele observar en los medios en su máximo exponente, sobre todo en los audiovisuales de casi todo el mun­do. ¿Cómo puede llamar la atención entonces que la prensa norteamericana haya aceptado sin críticas el dictamen de la Comisión Warren acerca del asesinato de Kennedy a manos de "un loco suelto" y por medio de "una bala milagrosa" que efec­tuó alrededor de 10 perforaciones y rebotes en su limusina des­cubierta? Vergonzoso, cínico, siniestro y humillante para nues­tras inteligencias.

¿Qué mundo tendríamos hoy si Kennedy no hubiera muer­to y hubiera sido reelecto en 1964, tal como era previsible? Es difícil saberlo. Tanto John como Robert Kennedy eran verdade­ros mutantes respecto de la aristocracia norteamericana. Aun­que habían sido educados en el seno de una rica familia de la elite, estaban encarando (Robert era procurador de Justicia de su hermano John, y luchaba seriamente contra la Mafia) medi­das realmente revolucionarias. Se estaban enfrentando muy abiertamente con el corazón de la elite. John atacaba los privilegios de la industria petrolera donde más le dolía a ésta, ata­caba la carrera armamentista y la posible guerra con la Unión Soviética que algunos de sus propios cuadros internos estimu­laban. Además, deseaba retirar a los Estados Unidos de Vietnam. Ya comenzaba a atacar los privilegios de los principales y más conspicuos bancos norteamericanos con la emisión de dólares "por la ventanilla" del Departamento del Tesoro, y no mediante el FED, y atacó en su último y monumental discurso a la flor y nata de la prensa norteamericana cómplice de la elite. John Fitzgerald Kennedy hizo todo sin dudarlo, frontal y, por sobre todo, muy generosamente. Por eso lo mataron, y por eso su asesinato se ejecutó de esa manera, quizás "advirtiendo" mañosamente a cualquier sucesor lo que le podía esperar si no se acogía ciega­mente a la agenda de la elite.

...Kennedy tiene un parecido a alguien que yo conozco... bueno... conocimos...

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por daniel o'leary el Sáb 20 Sep 2014 - 1:53

Verga están buenos Elias...... Por algo existen grupos de poder como Grupo Bilderberg, y deben haber otros que son los que en realidad dominan el mundo... Es arrechos la vaina...
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por vudu 1 el Sáb 20 Sep 2014 - 8:55

Buenos artículos, LO QUE YO SIEMPRE HE DICHO LA HUMANIDAD VIVE EN EL 90% de su vida en la HIPOCRESIA cuanto tienes cuanto vales.


Y los POLITICOS VOLVIENDO EL PLANETA MAS MISERABLE cada día.
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por nick7777 el Sáb 20 Sep 2014 - 14:11

Por eso yo soy guevarista:paredón con los oligarcas,y antes que él:zamora exigía :horror a la oligarquía!,y junto con stalin y el ché reivindico el fusilamiento,o mejor aún,la humilde y efectiva horca.

hay varios por ahí que apuesto se verían menos indecentes con el pescuezo alargado y la lengua afuera.
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Lun 22 Sep 2014 - 10:18

Matan a Lincoln y el Sur gana la guerra


Para entender quién ordenó la muerte del presidente Abraham Lincoln en 1865 es necesario comprender las causas económicas que llevaron a la guerra civil norteamericana. Lincoln fue ataca­do el Viernes Santo de 1865, a sólo seis escasos días de haber ob­tenido la rendición total de los ejércitos del Sur en la cruenta Guerra Civil, luego de la sangrienta batalla de Appomattox.

Hasta el estallido de la guerra los Estados Unidos eran un país con dos sistemas económicos que funcionaban simultáneamente: los estados del Norte, a diferencia de los del Sur, habían abolido la esclavitud hacía décadas, en tanto era inconducente respecto del sistema económico industrial que buscaban empresarios y políti­cos de esa región, menos apta para los cultivos como el algodón, exportado a Inglaterra desde los estados del Sur. La esclavitud nunca podría funcionar bien en un sistema económico basado en la industria y con una población mayoritariamente urbana, pues la moneda y el dinero son factores cruciales para una organiza­ción social de estas características. De todas maneras, la "cama y comida" a cambio de trabajo a destajo que existía en las econo­mías esclavistas bien podría ser suplantada a cambio de un "sa­lario de subsistencia" que alcanzara para lo mismo: "cama y co­mida". La diferencia principal entre lo que recibían en el siglo XIX el esclavo del amo y el asalariado del patrón, era que al recibir un salario el trabajador posee al menos una limitada capacidad de elección personal acerca de cuáles bienes consumir o dónde vivir, mientras que en la economía esclavista el esclavo es un ser infe­rior, equiparable a las bestias que se usan para el trabajo de los campos y que no puede poseer siquiera el derecho a su propia vi­da, de la cual puede ser despojado por el amo.

La posibilidad de la existencia de dos sistemas económicos —industrialismo y esclavismo latifundista— estaba garantizada por una ley que reglamentaba las zonas geográficas donde cada uno podía primar. Hacia mediados del siglo XIX la economía norteamericana todavía era muy pequeña en comparación con la británica, aunque se encontraba en franco crecimiento. Si bien ya había acaudaladas familias banqueras, terratenientes e industriales en suelo norteamericano, el poder financiero real estaba situado en Londres.

Por su parte, el Imperio Británico estaba en su apogeo y po­co tiempo atrás había liderado dos cruentas guerras contra el chino a fin de que el emperador dejara ingresar el opio que los británicos producían en la India merced al trabajo casi esclavis­ta de millones de indios. Los británicos querían venderlo libre­mente en China dada la afición del pueblo del país a esa droga, y sabiendo que un ejército adicto al opio sería fácil de derrotar y China se convertiría, en consecuencia, en un imperio fácil de controlar y dominar. Los británicos buscaban equilibrar la defi­citaria balanza comercial que poseían contra China, que expor­taba productos a Gran Bretaña pero no le compraba práctica­mente nada. La producción de opio en la India, controlada por los ingleses de la British East India Company, en la cual eran socias la corona británica y las más ricas familias de la elite finan­ciera, cumplía entonces varios propósitos: impedir la pérdida de reservas británicas de oro expoliando las chinas, mantener a Londres como centro financiero y comercial indisputado del mundo, y debilitar al Imperio Chino. Las teorías del "libre co­mercio" florecieron especialmente en esa época, la primera mi­tad del siglo XIX, dado que constituían una poderosa arma ideo­lógica para que China no prohibiera las importaciones de opio ni les cargara arancel alguno a pesar de la altísima nocividad de esa droga. Buena parte de toda la ideología liberal alrededor del individualismo y el libre comercio se basa en esas necesidades comerciales y geopolíticas que los británicos empezaron a expe­rimentar, y no sólo con China, tras la definitiva derrota de Na­poleón Bonaparte en 1814.

Dentro de este cuadro en el que Londres era la metrópolis mun­dial, su esquema de dominio del planeta se completaba con el co­mercio de esclavos y la compra de materias primas muy baratas a fin de mantener la solidez que la industria británica venía experi­mentando desde la revolución industrial de mediados del siglo XVIII. Si bien esos bienes industriales no podían ser vendidos en China, Europa era un comprador incondicional y los Estados Uni­dos también los necesitaban. Por lo tanto, el cuadro comercial y financiero británico se completaba con el tráfico de esclavos des­de África a los Estados Unidos, la compra de materias primas nor­teamericanas y provenientes de sus propias colonias —las cuales resultaban muy baratas al ser producidas con mano de obra escla­va—, la transformación de esas materias primas en Gran Bretaña, y la venta de sus productos industriales tanto en Europa como en los Estados Unidos a cambio de oro metálico.

Dentro de este esquema, entonces, el esclavismo norteame­ricano era funcional a los intereses británicos, y la derogación de la esclavitud que Abraham Lincoln promulgó desde el inicio de su mandato incrementaría considerablemente los costos de las materias primas que Gran Bretaña compraba en los Estados Unidos consolidando a ese país como un importante rival co­mercial e industrial.59 Ésa fue una causa fundamental de la decisión tomada por la elite inglesa para financiar a los estados agrícolas y esclavistas sureños a fin de que declararan su inde­pendencia del Norte industrialista, se armaran hasta los dientes y sostuvieran la cruenta guerra civil. En realidad, la banca in­glesa financió en un inicio a ambos bandos, tal cual era su cos­tumbre, pues podía obtener variados beneficios con una larga confrontación. La nación percibida como rival —los Estados Unidos— podía debilitarse muy considerablemente, tal como ocurrió. Pero los objetivos iban mucho más allá: el deseo britá­nico era dividir a los Estados Unidos en dos países diferentes o propiciar un triunfo de los estados sureños con la consecuente readmisión legal del sistema económico esclavista. A pesar de financiar la compra de armas por parte de ambos ejércitos, el Sur era mucho más "domesticable" respecto de los intereses bri­tánicos que el díscolo y peligroso Norte. No hay que olvidar, co­mo hemos dicho antes en referencia al posterior asesinato de McKinley, que el Partido Demócrata estaba controlado financie­ramente por un agente de la casa Rothschild que ni siquiera po­día evitar que lo tildaran de tal: August Belmont. Y es que has­ta bien entrado el siglo XX, más precisamente hasta la depresión de los años treinta, el partido que defendía los intereses de los pobres y los desposeídos en los Estados Unidos en general no era el Demócrata (salvo durante el corto liderazgo de William Jennings Bryan), como supuestamente lo es hoy, sino el Repu­blicano. Fue Franklin Delano Roosevelt durante sus largas pre­sidencias (1932-1945) quien introdujo ese cambio al dar traba­jo a negros y pobres con políticas keynesianas para salir de la recesión. No es casual entonces que casi todos los presidentes muertos asesinados antes de Kennedy (Lincoln, Garfield, Mc­Kinley y Harding) fueran todos republicanos.

Hasta la irrupción de Franklin Delano Roosevelt el "partido de la gente común" era el Republicano, de Lincoln, primer pre­sidente de esa recién nacida organización. Obviamente no deja de ser cierto que el Partido Republicano empezaría a ser tam­bién un muy sólido aliado de la elite desde que en 1901 Theodore Roosevelt accedió al poder.

Una muestra de esta mayor independencia de los republi­canos la daba Lincoln durante la propia Guerra Civil, dado que fue él quien decidió dejar de tomar deuda con la banca britá­nica, que resultaba especialmente onerosa para los Estados Unidos dados los altos intereses que imponía, y a emitir una moneda nacional sin respaldo en oro ni plata (tal como hoy ocurre con todas las monedas del mundo): el "greenback", ori­ginariamente llamado así por su color, dado que su primera función fue pagar al Ejército, cuyo uniforme era verde. Esa de­cisión de Lincoln terminó de enfurecer a la elite inglesa —ya distanciada de él por sus políticas antiesclavistas y antilibre­cambistas— y selló su suerte: se había convertido en un perso­naje incontrolable para la elite y podía llegar, tras la guerra, a decidir continuar con las emisiones de "greenback", con lo cual los Estados Unidos —si seguían unificados como nación— po­drían independizarse financieramente de la tutela británica, basada en el anclaje de las diversas monedas al oro o la plata, que físicamente eran "custodiados" sobre todo por los bancos ingleses y en Londres.

Lincoln estaba bastante más solo de lo que se cree —como muchos años más tarde lo estaría Kennedy— y ya durante la pro­pia Guerra Civil recibía presiones, a veces de su propio partido, a fin de hacer concesiones a la banca británica. Fruto de esas pre­siones nació la National Banking Act (Ley de la Banca Nacional) mediante la cual se creaba una especie de banco central nortea­mericano anterior al FED. Ese banco central era privado como su sucesor, y sus acciones estaban en manos de la banca inglesa y sus agentes más prominentes de Wall Street. Sin embargo, Lin­coln y sus partidarios habían logrado que el mismo tuviera seve­ras limitaciones: en primer lugar, la emisión de papel moneda es­taba limitada y supervisada por el Congreso; en segundo lugar, si bien se estipulaba que el Estado depositaría en él sus reservas, ello no revestía un carácter obligatorio. En tercer lugar y en for­ma muy importante, no se trataba de un banco monopolista en la emisión de papel moneda. Como se observa, la elite inglesa y su socia menor de Wall Street habían conseguido sólo a medias su objetivo de controlar la emisión de moneda y las reservas me­tálicas de los Estados Unidos.

Por lo tanto no sólo la previa emisión de "greenback" ponía a los banqueros ingleses en una actitud muy recelosa acerca de Lin­coln. Las leyes bancadas delinedas por él les hacían suponer que tarde o temprano su presencia a la cabeza de los Estados Unidos se convertiría en un grave problema. En esas circunstancias, si el Norte vencía, las consecuencias iban a resultar aún peores. Fue precisamente por esta causa que, en las postrimerías de la guerra, en Gran Bretaña se llegó a pensar muy seriamente en intervenir militar y oficialmente a favor del Sur. Fue la actitud del zar Ale­jandro II —asesinado años más tarde—, quien amenazó claramen­te a los ingleses con ayudar tanto económica como militarmente a Lincoln en caso de que intervinieran, lo único que los disuadió de participar sin ningún pretexto serio en una confrontación aje­na, motivada y financiada por ellos.

Era tan serio el conflicto entre el gobierno y la escuadra for­mada por la banca inglesa en general y con su aliada de Wall Street, que aun durante la guerra y poco antes de ser asesinado en 1865, pronunció una frase célebre en un discurso efectuado luego de no poder evitar que la National Banking Act, introdu­cida en el Congreso por iniciativa de Salomon Chase, secretario del Tesoro hasta 1864 y agente de los Rothschild en los Estados Unidos (el Chase Manhattan Bank, hoy J. P. Morgan-Chase, fue bautizado en su honor). Dijo Lincoln:


El poder del dinero es un parásito de la nación en tiempos de paz, y conspira contra ella en tiempos de guerra. Es más des­pótico que las monarquías, más insolente que las autocracias y más egoísta que las burocracias. Veo en el corto plazo una crisis aproximándose que me inquieta y me hace temblar por el futuro de la nación: las corporaciones han sido entroniza­das, una era de corrupción en los más altos cargos le seguirá. El poder del dinero intentará prolongar su reinado trabajando entre los prejuicios del pueblo hasta que la riqueza sea acumu­lada por unas pocas manos y la república sea destruida.


En 1865 Lincoln acababa de ser reelecto, cosa impensable unos meses antes dado que no se preveía la rápida derrota del Sur hacia mediados de 1864, lo que incrementaba su impopula­ridad. Lincoln ya estaba totalmente enfrentado a los intereses de la industria londinense, que quería algodón barato del Sur y exportar sin trabas sus productos industriales a los Estados Uni­dos, pero más enfrentado aún estaba con la banca británica y muy buena parte de los intereses de su satélite, Wall Street. El repunte de su popularidad antes de las elecciones de finales de 1864, y su victoria en las mismas, también iban a significar su tumba. Dentro de los estrechos márgenes en los que se movía, Lincoln sólo pudo seleccionar como vicepresidente a Andrew Johnson, un demócrata sureño, de aquel partido lleno de políti­cos generalmente racistas y socios incondicionales de la banca inglesa en aquella época. La elite se puso muy contenta enton­ces, dado que bien podía aprovechar su victoria y a la vez pre­parar su pronto entierro sin poner en jaque el "sistema republi­cano democrático" de los Estados Unidos.

El asesinato de Lincoln se llevó a cabo días después del fin de la guerra, en el teatro Ford. Un actor, John Wilkes Booth, lo asesinó de un tiro por la espalda, se lanzó al escenario y ante la sorprendida concurrencia exclamó: "Así mueren los tiranos. El Sur ha sido vengado", tras lo cual huyó. En lo que respecta al asesinato de Lincoln, nadie puso en duda de que se trató de una conspiración, dado que un grupo de personas fue ahorcado a los pocos meses por complicidad con Booth. Pero se trató de otra pista falsa. Todos los ajusticiados parecen haber sido pere­jiles. El problema, que nunca se dilucidó oficialmente, a lo cual contribuyeron tanto la prensa norteamericana como los histo­riadores oficiales, fue entender cuáles habían sido los reales al­cances de la conspiración. Todo indica que sólo se cortaron los escalones más bajos de la misma, si es que fueron en sí mismos escalones.

Se sabía que los servicios secretos de los estados sureños —organizados a imagen y semejanza de los británicos— hacía tiempo estaban planeando matar a Lincoln, con arreglo a esos fines se habría utilizado una sociedad secreta llamada "Knights of the Golden Circle" (Caballeros del Círculo Dorado). Esta os­cura sociedad ya había cambiado tres veces de nombre en sólo unas pocas décadas de vida y ello muestra la gran habilidad de las sociedades secretas para aparecer y desaparecer sin disolver­se. El cambio de nombre torna inocente a la nueva sociedad res­pecto de los crímenes convertidos por la anterior. De hecho, ape­nas producida la muerte de Lincoln, el mismo año de 1865, la misma volvió a cambiar de nombre (¿casualidad?), y bajo la constante asesoría del general sureño Albert Pike —el masón más importante del mundo en aquella época, junto al italiano Giuseppe Mazzini— se convirtió en el Ku Klux Klan.

Pero no bastaba con que una poderosa sociedad secreta es­tuviera detrás del asesinato: se necesitaba un alto grado de com­plicidad interna para que fuera llevado a cabo. Al respecto Edwin Stanton, el propio secretario de guerra de Lincoln, opositor suyo varias veces durante la guerra, habría sido uno de los principales traidores, ya que retiró a Lincoln la custodia personal que tenía al momento de dirigirse al teatro Ford, distribuyó ini­cialmente a la prensa fotos del hermano de John Wilkes Booth —en vez de las del propio asesino— cosa que lo tornó irrecono­cible y por lo tanto inhallable, prohibió al general Ulysses Grant que concurriera al teatro Ford aquella noche dado que éste de­bía sentarse al lado de Lincoln y su fuerte custodia podía llegar a impedir el asesinato y, por si ello fuera poco, liberó un cami­no de salida de Washington, curiosamente elegido "intuitivamente" por Booth, quien pudo escapar.

Si bien la historia oficial señala que un policía pudo ubicar y matar a Booth a muchos kilómetros del lugar del hecho, lo cierto es que nadie presenció el episodio ni reconoció el cuerpo ni siquiera durante el juicio que se desarrolló sobre el caso, da­do que Stanton se negó a declarar dónde estaba la tumba. Se­gún otras crónicas habría huido a Gran Bretaña, donde habría vivido el resto de sus días de manera muy lujosa, no sin antes vi­sitar a su madre residente en los Estados Unidos, según señala su propia pariente Izola Forrester en su libro de los años veinte titulado This One Mad Act (Este acto de un loco) y "desapareci­do" rápidamente de librerías.

La complicidad del Sur y de la banca de Londres en el asesi­nato de Lincoln va más allá de toda duda. La orden final la ha­bría dado el ministro de Finanzas del Sur, Judah Benjamin, es­trechamente ligado al clan Rothschild. La complicidad del vicepresidente Andrew Johnson también es señalada por mu­chos autores, dado que luego de muchos años se descubrió que había sido "compañero de andanzas" de Booth mucho tiempo antes en el estado de Tennessee, donde hasta intercambiaban sus amantes. Más aún, el propio Booth dejó una tarjeta perso­nal con una inscripción manuscrita en el hotel donde se hospe­daba Johnson el día antes del asesinato, la cual luego fue descu­bierta en el bolsillo de su traje. Y las cosas no terminan ahí, en un escándalo que como vemos toma ribetes de sainete. Simon Wolf, jefe de B’nai B’rith, otra organización secreta estrecha­mente ligada con los intereses de la banca londinense, admitió muchas décadas más tarde en su obra Presidents I have known (Presidentes que conocí) que el día del asesinato tomó unas co­pas con Booth y conversó un buen rato con él —a pesar de no conocerlo de antes— sólo por no ser descortés. Lo más curioso es que en la misma obra de 1918, no reeditada, Wolf señala que su propio parecido físico con Booth, que era realmente sorpren­dente, lo llevó a posar para un pintor que quería retratar el asesinato de Lincoln en la escena del crimen. Raya con lo onírico, pero lo cierto es que el compañero de copas de Booth del día del atentado terminó realizando para la ficción lo que su descono­cido-conocido ejecutó en la realidad. Por si ello fuera poco, ca­be preguntarse si horas antes de cometer el asesinato, Booth es­taba lo suficientemente relajado y no tenía nada mejor que hacer que tomarse unas copas y charlar con un desconocido que "ca­sualmente" era jefe de una sociedad secreta contrapuesta a los intereses de Lincoln.

Además, debemos señalar que tanto Stanton como el propio vicepresidente de Lincoln, Andrew Johnson, eran también miembros de sociedades secretas. Ambos figuran en la misma lista de prominentes masones que el especialista masónico Alien E. Roberts muestra en su obra House Undivided (sugestivamen­te La Casa Indivisa), en la que muestra que los masones del Nor­te y del Sur se ayudaron todo el tiempo entre sí durante la Gue­rra Civil, impidiendo que las logias fueran quemadas en los sitios y asaltos de diversas ciudades, mientras que las demás propiedades eran a veces devastadas hasta los cimientos. Debemos repetir que es bien sabido que al menos desde 1717, el jefe má­ximo de la masonería mundial es, al menos en teoría, la Corona británica, y que su obra está al servicio de los intereses financie­ros británicos (y ahora estadounidenses) por más que los pro­pios masones, muchas veces engañados en su buena fe, no lo se­pan como parece ser en la gran mayoría de los casos, o simulen no hacerlo.

Lo cierto es que con el asesinato de Lincoln y el acceso al po­der de su vicepresidente sureño Andrew Johnson, se dejaron de emitir "greenbacks" sin respaldo, se rescataron todas las emisio­nes anteriores por moneda con respaldo en plata y oro, como Londres y su banca deseaban, y se promulgó una Ley de Quiebras en todo el país que facilitó enormemente que los terrate­nientes de enormes latifundios del Sur, técnicamente quebrados por la guerra, pudieran mantener la propiedad de sus cuantio­sas tierras.60 ¿Para los esclavos entonces, qué? Bueno: la liber­tad de volver a elegir al mismo amo como patrón. Por eso, la tie­rra, ahora en vez de ser trabajada por esclavos lo era por libertos que seguían viviendo en las mismas —y a veces, mucho peores— desastrosas condiciones que antes.

Va quedando claro entonces con los asesinatos de Kennedy, Lincoln, McKinley, Garfield y Harding, y la expulsión de Nixon del poder, lo peligroso que puede resultar para la elite el ene­migo interno en el máximo cargo de los Estados Unidos. Ocu­rre que un enemigo interno es a la vez real y poderoso. La elite globalista necesita que los enemigos sean ficticios, manufac­turados como Al Qaeda, o bien reales pero muy dependientes, y por lo tanto, poco poderosos económicamente, como la Unión Soviética. Con el enemigo interno, la elite tiene una so­la vía de acción: lo elimina sin piedad y lo antes posible. Y aún hay más casos.

Me acuerdo el imbecil de TATO hablando de la "libertad" de los esclavos... cuas cuas cuas...y tildan de "ignorantes" a los "comunistoides"... nojoda que quedará para el resto...

PD. Q conveniente lo de las monedas en patron oro... dado que el valo r de este metal precisamente lo controla la banca londinense... y que interesante que debido a la falta de credibilidad del $ se esta pensando en volver al patron oro... me pregunto yo, a quien puede beneficiar esto?????...

Me acuerdo en "Matrix Reloaded" en la conversación entre el Merovingio (que conveniente el nombre) y Neo,Morfeo y Trinity...

Morpheous: Everything begins with a choice.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Mar 7 Oct 2014 - 0:27

Esto no es de Walter Graziano... sin embargo, sitiene total realacion...



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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Imhotep el Mar 7 Oct 2014 - 14:49

El problema con el oro, como patrón que respalde a la moneda, es que no existe suficiente en todo el planeta para respaldar el volumen de circulante que requiere la economía Mundial; por eso se pasó al Dólar como Patrón Mundial. Lo que debería hacerse, es utilizar un patrón compuesto por varias mercancías, que incluya al oro, pero también productos como la plata y el Petroleo; en el caso de este último, podría decidirse que una parte de las reservas Mundiales quedaran sin extraer, como respaldo de una parte del circulante mundial.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Mar 7 Oct 2014 - 18:57

Bueno... pero eso tambien es un claro idicativo, de que el sistema economico es meramente ESPECULATIVO... es decir, que no existe respaldo real detras de las "grandes monedas" del mundo, con la excepcion de China, Rusia y los paises que aun contemplen reservas en metalico...

Vale alcarar que tambien las piedras preciosas son parte, o serían parte de este mecanismo...

Aunque fjate, que para nosotros seria el mismo problema... pq mientras nosotros no desarrollemos nuestra porpia teconologia e industria seguiremos cambiando oro por espejitos...


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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Imhotep el Miér 8 Oct 2014 - 8:48

Pero Venezuela es uno de los países con mayor reservas de oro no extraídos en el mundo; lo que hay es que sacar de aquí a los garimpeiros y contrabandistas de oro, que son principalmente Brasileños y que están financiados por una transnacional propiedad de la Corone Británica.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Miér 8 Oct 2014 - 10:04

Imhotep escribió:Pero Venezuela es uno de los países con mayor reservas de oro no extraídos en el mundo; lo que hay es que sacar de aquí a los garimpeiros y contrabandistas de oro, que son principalmente Brasileños y que están financiados por una transnacional propiedad de la Corone Británica.

Ahhhh mira pero QUE PEQUEÑO ES EL MUNDO... "financiados por una trasnacional porpiedad de la Corona Británica"... conchale vale... que parranda de casualidades existen en este mundo...

No y me imagino yo, que despues de la "nacionalizacion" de la minería por parte del Comandante chavez, los Garimpeiros aumentaron significativamente su operacion aqui en Venezuela... tambien, eso debe ser "casual"...

En referencia a ese ORO en el Sur...

Coño, si nosotros no lo explotamos, ELLOS lo van a hacer bajo cualquier mecanismo... y les comento algo, no es que la exlpotacion minera sea "buena" o "saludable" para el ambiente, pero la explotacion LEGAL es menos destructiva que la ILEGAL... y si de cualquier manera, van a explotar esa areas.... pues bien...MANOS A LA OBRA...

En referencia a lo del "backup" de la moneda con el ORO, precisamente el TERROR de esta gente es que si bien "ellos" son los dueños de las verdaderas grandes fortunas del mundo... mucho de eso es FICTICIO, es dinero hecho de la nada... y en el momento en que se vuelva al patron ORO, toooooooooooooodo ese mollejero de dinero FALSO, se va por la poceta (WC), la hiperinflación que van a tener va a ser una vaina sacada de una pelicula de terror, pq no existe (como tu mismo dices) semejante cantidad de oro para soportar esa burbuja ficticia de dinero...

Ahhh... viene una muy interesante asunto... pues bien... para nosotros, los paises que no pertenecemos ni nos lucramos (no pq no queramos, es pq simplmente no pertenecemos a ese "jet set", y ellos monopolizan la economia mundial) de esa "burbuja ficticia"... seria MUY BUENO, dado que nuestras "pequeñas economias" tienen su respectivo sustento en ORO y otros minerales, mientras que las de ellos simplmente NO...

Esto, ademas, representaría un VUELCO ABSOLUTO a la balanza de poder financiero y economico, puesto que serían los paises con riquezas naturales, los cuales en la actualidad son definidos como "paises en desarrollo" o "del tercer mundo", los UNICOS QUE SERIAN CAPACES de ofrecer PRESTAMOS Y DESARROLALR INVERSIONES... es decir... que todos los paises EUROPEOS Y ANGLOSAJONES, tan solo podrian mantenerse "a flote" con el oro que tengan... a diferencia de EEUU, Inglaterra si tiene QUE JODE ORO, PLATA Y DIAMANTES, no son de "ellos" pero "ellos" lo tienen almacenados... que obviamente a la "hora de las chiquitas" pasarian a ser de la Corona Inglesa... que no es mas que una careta para los banqueros de toda vida y sus secuaces...

Que sucedería entonces... la monopolizacion de los grandes bancos euro-sajones en el manejo de la economia mundial, DESAPARECERÍA DE UN DIA A OTRO, puesto que los paises en busca de CREDITOS Y FINANCIAMIENTO, podrian simplmente solicitarselo a los paises verdaderamente RICOS en minerales...

Saben que seria muy gracioso... que paises como FRANCIA tengan que pedirle prestado a paises como Argelia (juajuajuajua...) o Nigeria... que EEUU tenga que pedirle prestamos a Venezuela (juajuajuajua)... pq tan solo citando esos ejemplos, tanto los patrones de consumo, como la cantidad de poblacion, así como sus economías, no deben representar ni el 10% de lo que estos paises tienen en "backup" metalico...

Entonces... en vista de esa REALIDAD INCONVENIENTE... VEMOS LO QUE ESTA SUCEDIENDO EN ESTOS PRECISOS INSTANTES...

La unica manera de mantener el monopolio ABSOLUTO de la ECONOMIA MUNDIAL es tomando A COMO DE LUGAR los yacimientos de los minerales preciosos que dentro de cierto tiempo, es muy probable que sustituyan las monedas "de papel" (literal) con la que ellos se apropiaron el mundo...

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Imhotep el Miér 8 Oct 2014 - 10:16

De acuerdo, necesitamos un nuevo Patrón, pero no puede ser solo el oro, porque precisamente el fracaso del Patrón Oro, fue lo que llevo a la Gran Depresión y la 2ª Guerra Mundial.   Por eso propongo que sea una "cesta de productos" que incluya el Oro, la Plata, el Petroleo (que es el único que existe en cantidad suficiente para funcionar solo como patrón) y 2 o 3 productos más cuyo valor conjunto sea el que respalde todas las monedas mundiales.

También propongo estudiar la experiencia con los "Derechos Especiales de Giro" emitidos por el Banco Mundial a principios de los 80, que tenían la idea de convertirse en un nuevo Patrón de Comercio Mundial, en lugar del Dólar y precisamente por eso fueron sabotados por el Capital Financiero Mundial; por cierto, Venezuela todavía posee algunas posiciones en D.E.G.

Imhotep

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Jue 9 Oct 2014 - 10:27

Mas Perlas del Libro...

Mitos y realidades de la Segunda Guerra Mundial


Los siguientes son algunos ejemplos de cómo la verdad se ha desfigurado en el caso de la Segunda Guerra Mundial:


MITO: El origen de la Segunda Guerra Mundial debe buscarse en el ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933.

REALIDAD: El origen de la Segunda Guerra debe buscarse en el Tratado de Paz de Versalles de 1919, cuando tras la Primera Guerra se impusieron a Alemania durísimas sanciones econó­micas relacionadas con el pago de los costos de la guerra a Gran Bretaña, con el fin de que ese país pudiera a su vez saldar las deudas que había contraído sobre todo con la banca Morgan du­rante la confrontación. Ello y la pérdida de grandes territorios por parte de Alemania y el imperio ruso merced al Tratado de Versalles generaron las condiciones objetivas para otra guerra.


MITO: La política inglesa anterior al inicio de la Segunda Gue­rra era apaciguar a Hitler permitiéndole la anexión de Austria y la toma de parte de Checoslovaquia.

REALIDAD: La pasividad con la que Inglaterra asumió la anexión de esas dos zonas por parte de Alemania no obedecía a ningún afán apaciguador. No se apacigua a alguien accediendo íntegra­mente a sus deseos. En realidad Inglaterra buscaba estimular a Hitler para que buscara una expansión hacia el Este, de manera tal que la formidable maquinaria bélica nazi se enfrentaba, en úl­tima instancia, al Ejército Rojo de Stalin. Una potencial guerra entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética debilitaría en gran medida a ambas naciones, por lo que Gran Bretaña podría recobrar así el protagonismo perdido en Europa en lo que iba del siglo XX.


MITO: El protocolo secreto firmado por los cancilleres de Hitler y Stalin en 1939, inmediatamente antes del comienzo de la Gue­rra, que sellaba el reparto de Polonia entre Alemania y la URSS, respondía sólo a las desmesuradas ambiciones territoriales de am­bos jefes de Estado.

REALIDAD: Polonia había sido creada de la nada luego de la Pri­mera Guerra Mundial por insistencia de Gran Bretaña y Estados Unidos con territorios que pertenecían a Alemania y Rusia. No existía ningún estado polaco desde 1815. Ambas naciones consi­deraban que la creación de Polonia era un mero golpe a su sobe­ranía. El nuevo Estado polaco había sido muy afín —políticamen­te— a Inglaterra. Su existencia servía para generar tensiones entre Alemania y la URSS dado que ambas reivindicaban la anexión de Polonia y no poseían una frontera común que podría haber sig­nificado su integración económica. Por lo tanto, el protocolo se­creto de reparto de Polonia entre ambos Estados estaba diseñado con la finalidad de evitar fricciones entre ambas naciones ante la eventual extinción del Estado polaco.


MITO: Los británicos y los franceses no sabían que en septiem­bre de 1939 Hitler invadiría Polonia.

REALIDAD: Ambas naciones sabían que Hitler iba a invadir Polonia porque el Tercer Reich presentó un plan de 16 puntos a los británicos para no invadir Polonia. El embajador inglés en Berlín, Neville Henderson, consideró que los 16 puntos eran muy aceptables. Entre ellos figuraba como prioridad que cesa­ran las hostilidades hacia ciudadanos alemanes en Polonia y la cesión de Danzig a Alemania. Es necesario recordar que el go­bierno británico venía incentivando al gobierno polaco del co­ronel Beck a realizar actividades temerarias contra ciudadanos e intereses germanos en Polonia con la finalidad de que una eventual invasión de Hitler a aquel país desatara una respuesta bélica inmediata por parte de Stalin. Los británicos tuvieron en "la cuestión polaca" una posición más que ambivalente. Sólo in­tentaron apaciguar al gobierno de Beck en su actitud antigermana una vez que Hitler y Stalin habían firmado el pacto de no agresión con su protocolo secreto de reparto de Polonia. Ya era demasiado tarde para frenar a los activistas polacos antigerma­nos. El ultimátum que Hitler dio a Polonia para el inmediato ce­se de hostilidades contra ciudadanos alemanes en ese país se de­bió a que si no lo invadía en septiembre de 1939, luego ya sería demasiado tarde por cuestiones climáticas que tornarían dema­siado pantanoso el terreno.


MITO: El pacto de no agresión entre Alemania y la URSS inme­diatamente anterior a la Segunda Guerra era inviable en el media­no y largo plazo porque se daba de bruces contra los intereses eco­nómicos de ambas naciones.

REALIDAD: El pacto de no agresión fue complementado, ade­más del protocolo secreto, por un acuerdo económico ruso-ger­mano por medio del cual Alemania obtendría alimentos, petróleo y materias primas de la URSS a cambio de bienes industriales ale­manes. Ambas naciones en realidad eran complementarias eco­nómicamente, y ése era el gran temor anglosajón: la integración de Rusia con Europa continental.

MITO: el pacto de no agresión germano-ruso es una clara mues­tra de la falta de escrúpulos tanto de Hitler como de Stalin.

REALIDAD: Ni Hitler ni Stalin deseaban una guerra en dos frentes. Hitler sabía que en caso de una invasión a Polonia era posible la declaración de guerra de Inglaterra y Francia. Stalin a su vez estaba preocupado por la alta tensión existente con los japoneses que habían invadido Manchuria, y había buscado un pacto de mutua defensa con ingleses y franceses antes de firmar el acuerdo con Hitler. La actitud dilatoria de la delegación in­glesa, que ni siquiera tenía poder alguno para firmar tratados, obligó a Stalin a aceptar el acuerdo propuesto por Hitler y dejar a los ingleses con las manos vacías. Stalin sabía que en realidad los británicos deseaban una guerra entre Alemania y la Unión Soviética a causa de Polonia y que por eso nada iban a firmar con su ministro de Relaciones Exteriores, Molotov. Hitler vio la ocasión de recuperar territorio polaco que había sido alemán sin ingresar en una guerra en dos frentes. No le faltaba lógica a los razonamientos de ninguno de los dos en aquel momento.


MITO: El pacto de no agresión germano-ruso estaba destinado a romperse debido a que el régimen nazi alemán y el bolchevique de la URSS eran enemigos ideológicos irreconciliables.

REALIDAD: En materia de sucesos graves como son las guerras, las ideologías se dejan de lado a la hora de ponderar factores prác­ticos. Hitler ofreció dos veces a Stalin que la URSS integrara el Eje (pacto tripartito Berlín-Roma-Tokyo), asegurándole que el mismo no era un eje antisoviético sino antibritánico y antinor­teamericano. La primera vez Stalin no contestó y la segunda su­peditó el ingreso de la URSS al Eje a que Alemania reconocie­ra a Rumania y Finlandia como zonas de influencia soviéticas, y por lo tanto, como países susceptibles de invasión por parte de la URSS con acuerdo alemán. Hitler importaba gran parte de su petróleo de Rumania y su níquel de Finlandia, y si accedía ello hubiera significado aumentar enormemente su dependen­cia petrolera respecto de la URSS, ya que sólo podía obtener petróleo de ella y de Rumania debido al bloqueo británico de los puertos alemanes del mar Báltico. No podía acceder al re­querimiento de Stalin por esas causas, y ello —una razón funda­mentalmente práctica— es lo que impidió que dos regímenes teóricamente irreconciliables se aliaran bajo el paraguas del Eje, lo que hubiera significado un durísimo golpe a Gran Bretaña y Estados Unidos.


MITO: Sólo el desmesurado deseo de más "lebensraum" (espa­cio vital) llevó a Hitler a su desastrosa invasión a la URSS.

REALIDAD: Con la anexión de Austria y Checoslovaquia y con una parte sustancial de Polonia Hitler ya había ampliado el "es­pacio vital" germano notablemente. La invasión a la URSS fue motivada primariamente por cinco causas: a) el hecho de que los soviéticos sólo deseaban efectuar compras de bienes industriales alemanes en forma de armamentos de última tecnología, lo que levantaba las suspicacias de los dirigentes nazis; b) la ne­gativa de Stalin a aprobar el ingreso de la URSS al Eje; c) la de­pendencia en materias primas y alimentos de Alemania respec­to de la URSS; d) la expansión de las fronteras soviéticas que tuvo lugar en 1939 y 1940 ponía a Alemania en situación estra­tégicamente desventajosa frente a los soviéticos, dado que la aviación soviética podía bombardear Berlín y centros industria­les alemanes despegando desde territorio soviético, mientras que aviones alemanes no podían bombardear Moscú despegando desde territorio alemán, y e) Hitler percibía que la guerra no aca­baría hasta que la URSS no fuera derrotada bélicamente, dado que Inglaterra no se rendiría hasta que hubiera un ataque de Stalin a Hitler. Por supuesto que una vez tenidas en cuenta es­tas cinco consideraciones hay que reconocer que la anexión de vastos territorios soviéticos era vista con beneplácito por Hitler en Berlín.


MITO: La guerra ente Alemania y la URSS se debió íntegramen­te a los conflictos y fricciones entre ambas naciones y sus líderes.

REALIDAD: La guerra entre ambos países comenzó tras una fuerte campaña de los servicios de inteligencia ingleses para enfrentar a uno contra otro. Los servicios británicos subterrá­neamente venían sembrando todo tipo de desconfianzas entre ambas naciones y sus líderes. La campaña de desinformación llevada a cabo por los británicos para llevarlos a la confronta­ción llegaba hasta el más alto nivel. Vale citar que el 25 de agosto de 1940 Winston Churchill escribió una carta personal a José Stalin advirtiéndole de un inminente ataque de Hitler e incitándolo a golpear primero. Lo cierto es que en agosto de 1940 Hitler aún no consideraba la invasión de la Unión Sovié­tica, hecho que sólo pensaría como algo inevitable en noviem­bre de ese año. Tenía un grave dilema muy difícil de resolver: si atacaba primero —como finalmente hizo— podía perder o ganar. En cambio si esperaba un año, el muy acelerado ritmo de rearme soviético y el adiestramiento del nuevo alto mando que Stalin realizaba aceleradamente tras las purgas de genera­les en su ejército podían poner a Hitler no sólo en aprietos, si­no ante la desastrosa posibilidad de una guerra defensiva pa­ra la cual la Wermacht (ejército alemán) no estaba preparada. Además el sistema de comunicaciones germano podía llegar a ser una rápida presa de las tropas soviéticas. Este tipo de du­das entre ambos líderes fue eficientemente explotado por los servicios secretos británicos, maestros a la hora de generar la discordia ajena. Un dato más ponía a Hitler muy nervioso, y le hacía temer la posibilidad de ser traicionado por Stalin: el he­cho de que en la Unión Soviética muchísimos de los principa­les cargos estaban ocupados por judíos, a los cuales Hitler per­seguía y acusaba sin tregua.


MITO: Hasta su ingreso tardío a la Segunda Guerra a fines de 1941, Estados Unidos había sostenido una actitud totalmente neu­tral y aislacionista.

REALIDAD: Estados Unidos siempre apoyó con créditos y ven­tas de materias primas y bienes industriales a Gran Bretaña du­rante la guerra, tal como lo había hecho en la Primera Guerra. Una eventual derrota inglesa habría ubicado a la banca de Wall Street en una situación muy difícil, dado que habría hecho irrecuperable la deuda contraída por Londres. Pero la ayuda direc­ta a los ingleses no fue la única, dado que durante todos los años treinta la tecnología norteamericana era exportada a la Unión Soviética como forma de sostener el régimen de aquel país. Al mismo tiempo, también durante los años treinta, Hitler logró fi­nanciamiento para su régimen nazi mediante la colocación de diversos empréstitos en los Estados Unidos por parte del banco UBC (Union Banking Corp.), que era una entidad satélite de la poderosa Banca Harriman y operaba bajo la dirección de Prescott Bush, abuelo paterno del actual presidente. Estados Unidos colaboró entonces tanto con Gran Bretaña como con Stalin y Hitler. Pero la estabilidad del sistema financiero norteamerica­no dependía de que Gran Bretaña ganara la guerra.

MITO: La invasión de dos países neutrales como Noruega y Di­namarca que Hitler desplegó marca a las claras el atropello del Ter­cer Reich a sus naciones vecinas.

REALIDAD: la provisión de mineral de hierro del Tercer Reich era íntegramente dependiente de las canteras del norte de Suecia. El hierro se transportaba vía Noruega y Dinamarca hasta Alemania. Hitler se enteró de un plan de invasión de Gran Bre­taña a ambos países para cortar la provisión de hierro a Alema­nia. Por lo tanto, ordenó preventivamente su invasión 24 horas antes de que los propios ingleses lo hicieran.


MITO: Las invasiones de Holanda, Bélgica y Luxemburgo por parte de Hitler constituyeron un acto de agresión sin sentido.

REALIDAD: Francia había declarado la guerra a Alemania y un gran contingente de tropas inglesas había desembarcado en tie­rra francesa para combatir a Hitler tras su invasión de Polonia. Hitler no podía atacar a Francia en forma directa porque la fron­tera estaba protegida por la denominada "línea Maginot", una cadena muy bien fortificada de defensas y fortificaciones fran­cesas. Por lo tanto, no tuvo más remedio que invadir Holanda, Bélgica y Luxemburgo para poder invadir desde allí a Francia y prevenir así un ataque a su territorio.


Mito: Las invasiones a Yugoslavia y Grecia que Hitler realizó antes de su ataque a la Unión Soviética son otra prueba de sus ambiciones territoriales ilimitadas.

REALIDAD: Los ingleses habían invadido primero Grecia pa­ra desalojar de allí a los italianos que sin consultar a Hitler ha­bían tomado ese país vía Albania, y merced a su ubicación do­minaban el este del Mediterráneo, el Canal de Suez y el acceso al Mar Negro. Hitler necesitaba desalojarlos por esas cuestiones geopolíticas. Ésa fue la causa de la invasión de Yugoslavia, que se había tornado hostil al Tercer Reich debido a un golpe dado por los británicos. Belgrado era paso obligado a Grecia. En rea­lidad las campañas a ambos países pusieron en un gran apuro a Hitler, quien tuvo que actuar de urgencia ante un error de los italianos. Hitler ya planificaba la invasión de la URSS y ambas campañas estuvieron a punto de retrasar e incluso boicotear esa operación.


MITO: A Hitler no le importaba que Alemania afrontara un es­tado de guerra permanente con sus vecinos.

REALIDAD: El gobierno alemán estaba preocupado porque las grandes operaciones bélicas que debía realizar minaban las posibilidades de su producción industrial. Además, porque la situación geográfica de Alemania le impedía obtener petróleo fácilmente. Hitler llegó a ordenar en plena época de guerra, ha­cia 1940, una reducción de las divisiones del ejército de 155 a 120 con el fin de permitir una mayor producción industrial y poder cumplir tanto con la provisión interna de bienes indus­triales como con las exportaciones a la URSS. El alto mando del ejército debía elaborar todos sus planes bélicos con el con­cepto de "Blitzkrieg", ataques relámpago a los países invadi­dos, con el fin de conseguir muy rápidas victorias y pasar lo más rápidamente posible a una situación de paz. Sin embargo esa estrategia fracasó con Gran Bretaña y la URSS, países con los cuales la guerra se prolongó sobremanera. En el primer ca­so fue por la negativa inglesa a aceptar dos condiciones bási­cas que Alemania solicitaba para reanudar la paz: a) respeto de Gran Bretaña a las nuevas fronteras alemanas y al papel hegemónico de la nación en Europa continental, b) recuperación de las colonias alemanas tras la Primera Guerra Mundial para que el Tercer Reich pudiera autoabastecerse de materias primas. A su vez, el argumento declarado por Hitler para invadir la URSS era su deseo de acabar lo antes posible la guerra con Gran Bretaña.


MITO: la campaña bélica alemana a la Unión Soviética estuvo signada por algunos errores enormes como el "capricho" de Hitler por tomar Stalingrado debido a que presentía que la caída de esa ciudad —que nunca se produjo— podía proporcionar un golpe simbólico muy rudo a Stalin.

REALIDAD: la toma de Stalingrado tenía que ver con una rea­lidad estratégica, pues la actual Volgogrado estaba situada en el punto más occidental del río Volga, por medio del cual se trans­portaba el petróleo del Cáucaso hasta los más importantes cen­tros urbanos rusos. Cortar los suministros establecidos median­te el Volga podía paralizar a la Unión Soviética y acabar mucho antes la guerra. Stalingrado, entonces, no era apetecible por un "valor simbólico". Sin embargo, la fractura en dos del "frente so­viético sur" que Hitler había establecido antes como unificado, produjo efectos desastrosos para Alemania: el fraccionamiento de las tropas en dos columnas diferentes que se dirigieron a Stalingrado y al Cáucaso debilitó su ataque, con lo que Hitler se quedó sin tomar esa ciudad —y por lo tanto sin poder cortar el suministro de petróleo a Moscú— y sin los pozos petroleros del Cáucaso, los que, de haber sido tomados, podrían haber supues­to la victoria.


MITO: Sólo a medida que los aliados iban recuperando territo­rios en Polonia y Alemania se tuvo una cabal idea de las brutali­dades que Hitler había cometido con minorías étnicas, y especial­mente con los judíos.

REALIDAD: La política antisemita del Tercer Reich era vasta­mente conocida en Occidente desde muchos años antes de de­satarse la guerra. Hitler responsabilizaba al pueblo judío de la desastrosa situación alemana tras el Tratado de Versalles, y los consideraba inasimilables. Tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña los gobiernos sabían con lujo de detalles la polí­tica de exterminio masivo de judíos que estaba desarrollando Hitler. Incluso la prensa occidental estaba perfectamente al tan­to de las aberraciones que estaba cometiendo el dictador ale­mán, a pesar de lo cual tejió un manto de silencio casi total so­bre el tema durante el desarrollo de la guerra. Incluso la prensa controlada por empresarios de sangre judía —como el New York Times— conocía en toda su magnitud el problema y lo silencia­ba. Algunos altísimos dirigentes judíos como Ben Gurión y Chaim Waizmann también habrían estado al tanto, según fuen­tes judías, pero nada hicieron para impedir la masacre ni para favorecer la concientización del drama en los países aliados. ¿Por qué? Probablemente porque la masacre indiscriminada que estaba desarrollando Hitler proporcionaría tras la Segun­da Guerra el elemento faltante para crear el Estado de Israel, cuya planificación se venía desarrollando al menos desde fina­les de la Primera Guerra Mundial con la llamada "declaración Balfour". Además es necesario tener en cuenta un artículo de Winston Churchill en el Illustrated Sunday Herald del 8 de fe­brero de 1920, en el cual señala, entre otras cosas, "por supues­to, Palestina es demasiado pequeña para acomodar más de una fracción de la raza judía; además, una mayoría de los judíos no desean ir allí". El Holocausto entonces habría servido en forma siniestra, no sólo a Hitler sino a dos objetivos ingleses y nortea­mericanos: crear el Estado de Israel a pesar de la oposición del pueblo palestino y del árabe en general, y convencer a una gran cantidad de judíos a radicarse allí para evitar la posibilidad de más masacres como las ejecutadas por los nazis.


MITO: El "Día D" —el del desembarco de ingleses y norteameri­canos en Normandía— representa el comienzo de fin del régimen hitleriano en el aspecto militar.

REALIDAD: Hitler había invadido la Unión Soviética el 22 de ju­nio de 1941. Las primeras derrotas importantes de Alemania en el frente oriental se produjeron en 1942. La guerra en ese frente se desarrollaba con un nivel de crueldad y barbarie nunca antes visto, y mucho menos en el frente occidental. Si bien los Estados Unidos ingresaron formalmente en la guerra a finales de 1941 tras los sucesos de Pearl Harbour, que hemos comentado en el segun­do capítulo, el desembarco de los aliados en Normandía, o "Día D", no se produjo hasta el 6 de junio de 1944, o sea dos años y me­dio después, y pasados tres del inicio de la invasión de la URSS. Los soviéticos habían pedido varias veces el desembarco de tro­pas inglesas y norteamericanas en Francia a fin de aliviar la terri­ble presión que sus tropas venían sufriendo en propio territorio ruso. A pesar de ello, Churchill y Roosevelt, con diferentes pretex­tos, se negaron a hacerlo hasta que las tropas alemanas hubieran estado exhaustas y abocadas de lleno a una retirada del frente oriental. Al momento de producirse el llamado "Día D", Hitler te­nía cerca de 160 divisiones en la lucha contra la Unión Soviética y sólo unas 60 en el frente occidental, lo que facilitó sobremane­ra la tarea de ingleses y norteamericanos, que esperaron hasta úl­timo momento para retomar Europa continental.


MITO: El desarrollo de la bomba atómica por parte de Estados Unidos tenía como único objetivo inicial el posible bombardeo de objetivos militares —y no civiles— del Eje. Su posterior uso en Hi­roshima y Nagasaki sólo se explica por la vocación del gobierno de Harry Truman de acortar la guerra y salvar así centenas de mi­les, o millones de vidas.

REALIDAD: Los Estados Unidos comenzaron a realizar estu­dios para desarrollar la bomba atómica a raíz de una carta de Albert Einstein al presidente Roosevelt, en la que detallaba que a través de la fisión nuclear se podía generar una bomba de inédito poderío, y a la vez se mostraba preocupado por la po­sibilidad de que Alemania llegara primero a alcanzar esa tec­nología. Años más tarde, pocos meses antes de que la primera bomba fuera lanzada sobre Hiroshima, volvió a escribir a Roo­sevelt manifestándole su preocupación, dado que tenía infor­mación de que Estados Unidos había alcanzado la tecnología nuclear, pero poseía indicios de que los militares del Pentágo­no pensaban lanzarla, tal como ocurrió, sobre objetivos civi­les. Einstein no tuvo respuesta de Roosevelt, quien poco des­pués murió. Su sucesor, Harry Truman, prominente miembro de la masonería norteamericana89 (al igual que Roosevelt90) no dudó en lanzar dos bombas atómicas sobre ciudades japone­sas con el pretexto de acortar la duración de la guerra y salvar vidas. Una reciente investigación del autor japonés Tsuyoshi Hasegawa demuestra que el real objetivo de lanzar las bombas atómicas no fue salvar vidas sino impedir que Japón se rindie­ra ante la Unión Soviética y lo hiciera ante los Estados Unidos. Tras terminar su guerra con Alemania los soviéticos se apres­taban a invadir Japón, y los Estados Unidos consideraban que Japón no debía quedar —ni total ni parcialmente— bajo el área de influencia soviética. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki cumplieron entonces ese objetivo geopolítico que prescindía totalmente de consideraciones humanitarias. El gobierno ja­ponés tampoco estuvo a la altura de las circunstancias tras las bombas atómicas, dado que sólo accedió a rendirse una vez que le fue asegurado que el emperador Hirohito no sería remo­vido de su cargo, lo que tuvo aún más efecto para terminar la guerra en el Pacífico que las propias bombas atómicas.


MITO: En la conferencia realizada en Yalta entre Roosevelt, Churchill y Stalin, donde se planeó la división del mundo tras la guerra contra el Eje, los grandes errores de negociación de Roose­velt y Churchill provocaron lo que sería el propio germen de la Guerra Fría dado que Occidente le "regaló" a Stalin una amplísima área de influencia en Europa Oriental y Asia. Muchos países que antes de la guerra no contaban con regímenes comunistas ahora padecerían esa cruel dictadura aumentando el poder de la URSS. Si Roosevelt y Churchill hubieran negociado de manera más dura, el comunismo no habría llegado a ser lo que fue en cuanto a extensión geográfica.

REALIDAD: A Estados Unidos y Gran Bretaña les resultaba virtualmente imposible negarle a la Unión Soviética vastas zonas de Europa oriental y Asia. Es necesario recordar que antes de la guerra Hitler ya había ofrecido a Stalin un "área de influencia" que abarcaba los países bálticos y partes de Polonia y Rumania, entre otras zonas de Europa Oriental. Esas áreas de influencia ya las tenía la URSS antes de entrar en guerra. Gran Bretaña posteriormente hizo todo lo posible para que ésta entrara en la guerra, pues ésa era su única oportunidad para derrotar a Hi­tler. Por lo tanto, dado que la URSS resultó uno de los vencedo­res, no había manera alguna de negarle una zona de influencia aún mayor. Además el mayor costo material y en vidas humanas de la guerra lo había pagado la Unión Soviética dado que la gue­rra en el frente oriental adquirió niveles de inhumanidad y sal­vajismo que jamás tuvo en el frente occidental. Los soviéticos perdieron más de 20 millones de hombres en el combate. ¿Có­mo negarle entonces a Stalin una ampliación de las zonas de influencia soviética tras el conflicto? Resultaba virtualmente im­posible. Pero hay más razones por las cuales a la elite le intere­saba una ampliación importante de las zonas de influencia sovié­tica. En primer lugar, una Unión Soviética con varios países socios y afines en su régimen comunista ofrecía la posibilidad de una prolongada Guerra Fría, y la misma posibilitaba una carrera armamentista importante tanto en Oriente como en Oc­cidente.

La industria bélica era —y es— socia de los bancos y las em­presas petroleras manejadas en las sombras por esa reducida elite. Sin embargo ése tampoco es el principal factor por el cual deseaba un mundo dividido en dos bloques durante unas cuan­tas décadas. Como hemos visto, la cúpula del partido bolchevi­que ya desde 1917 había sido financiada y promovida por la elite globalista con el fin de que derrocara al régimen zarista de Ni­colás II, su acérrimo enemigo. A cambio de ello, y mientras en Occidente se difundía una fuerte propaganda contra el régimen soviético en los medios de comunicación, la elite conseguía ser socia en la explotación de los recursos naturales de la URSS, co­sa que antes sólo había conseguido a cuentagotas. Además, la misma elite había conseguido ser el proveedor monopolista de financiamiento y tecnología del régimen soviético, relación que se mantenía en el mayor secreto posible en Occidente. Por lo tanto, la elite globalista no era otra cosa que una excelente so­cia del Partido Comunista soviético. Si la Unión Soviética pasa­ba a controlar vastas zonas de Europa Oriental y Asia era posi­ble también controlar económicamente de manera indirecta los nuevos países que se incorporaban al área soviética.

La elite ya había financiado de forma diversa a los principa­les teóricos tanto del sistema capitalista como del comunista y creía que según el caso, el país del cual se tratara, convenía apli­car uno u otro régimen. En países occidentales, y sobre todo en los que no había fuertes tendencias nacionalistas, generalmen­te optaba por sistemas políticos democráticos y económicos de tinte capitalista. En cambio, en países orientales más atrasados en los que no había tenido demasiada penetración y en los que los sentimientos nacionalistas podían ser muy fuertes, el régi­men comunista era el que prefería. El comunismo soviético in­tentó de manera sistemática borrar toda huella de la cultura ru­sa, y posteriormente, de la de los demás países de la órbita soviética. Ello era sumamente conveniente a los deseos de pene­tración de la elite en países de mentalidad hostil a la penetra­ción extranjera. Si se entiende esto, se comprenderá que la divi­sión de Yalta en zonas de influencia de Estados Unidos y la Unión Soviética se debió a los designios de la elite y no a erro­res de negociación por parte de Roosevelt y Churchill.

mito: Los aliados no cometieron crímenes de guerra y no al­bergaron, luego de la Segunda Guerra Mundial, criminales de guerra nazi, los cuales se escaparon sobre todo a Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay.

REALIDAD: Los aliados cometieron crímenes de guerra de le­sa humanidad al igual que los nazis. La destrucción casi total de la ciudad de Dresden, en Alemania, en la que murieron decenas de miles de civiles inocentes —por citar un ejemplo— no obede­cía a ningún objetivo militar. Además, la guerra estaba prácticamente terminada. Sólo obedeció a un deseo de venganza contra el régimen nazi. En cuanto a la fuga de altos criminales de gue­rra alemanes, habría habido dos redes que organizaron el ope­rativo. Una operó a través de los contactos del Vaticano. La otra a través de la CIA, llamada en aquella época OSS (Overseas Secret Service). Ambas estaban relacionadas y muchos criminales de guerra terminaron en Sudamérica, pero muchos otros encon­traron refugio en los Estados Unidos, al igual que muchos de los científicos que había en la Alemania nazi y fueron arduamente disputados, como el caso de Von Braun, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. La red de espionaje nazi (la Abwehr), cuyo cerebro era Reinhardt Gehlen, tras la sumaria ejecución del almirante Wilhelm Canaris (ordenada por Hitler por colabo­rar con el enemigo en el atentado que sufrió) quedó práctica­mente por entero en manos de los Estados Unidos y fue incor­porada a la naciente CIA con el objetivo principal de brindar información de primera mano acerca de las actividades de los países de Europa Oriental que tras la guerra quedaron en la de­nominada esfera soviética.

A fin de no repetir información, no nos referiremos aquí al fiasco de Pearl Harbour, que hemos comentado en el segundo capítulo, un hecho no sólo conocido con anticipación por el pro­minente miembro de una sociedad secreta, Franklin Delano Roosevelt, sino incentivado previamente con estudiadas medi­das. Es un asunto que merece figurar simplemente en el capítu­lo sobre terrorismo.

Que juzgue el lector, con la información disponible, qué pa­pel jugaron y juegan la "historia", los "historiadores", la "pren­sa" y los "periodistas" que se han referido en forma unilateral a la Segunda Guerra Mundial. Lo cierto es que tanto Hitler, un an­tiguo amigo de la elite transformado súbitamente en el peor ene­migo de la misma, como su cruel y terrible régimen nazi, fueron mostrados para siempre como el peor desastre ocurrido a la humanidad en muchísimos siglos. ¿Qué mejor manera de sepul­tar al enemigo para siempre? Vayamos ahora a otro intento de entierro definitivo de un enemigo.

FIJENSE CON ATENCION...

Este capitulo trata especificamente de la NECESIDAD DE LAS ELITES DE "ENTERRAR" LA VERDAD, "LIDERES" Y/O EVENTOS CONTRAPRODUCENTES...

Uds que creen que sucedería aqui si logran un golpe de estado o cambio de gobierno??????... pues bien...algo de este tipo sucedería, intentarían "sepultar" (como lo intentan todos los dias) la VERDAD y la REALIDAD de sus VASALLOS O "PROXIS", asi como de los avances de la Revolucion...

Ven como a lo largo de la historia "repiten el guion" UNA Y OTRA Y OTRA VEZ?????...

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Miér 22 Oct 2014 - 18:55

Bueno... les voy a colocar un par de fotos...





Uds quieren saber que es eso?

Pues... eso que uds ven ahi es GRANITO DERRETIDO...

Ahora bien ¿qué es un magma, y cómo y porqué se forma? Como definición básica, un magma es un fundido, que en general está formado por una fase líquida mayoritaria, a la que acompaña una fase sólida (cristales o fragmentos de rocas) y otra gaseosa, y que se encuentra a temperaturas entre 1.500 y 800ºC

http://www.uclm.es/users/higueras/yymm/YM10.html

Y que es el granito...

"El granito, también conocido como piedra berroqueña, es una roca ígnea plutónica constituida esencialmente por cuarzo, feldespato y mica. Mientras el término según los estándares de Unión Internacional de Ciencias Geológicas refiere una composición estricta, el término granito es a menudo usado dentro y fuera de la geología en un sentido más amplio incluyendo a rocas como tonalitas y sienitas de cuarzo. Para el uso amplio de granito algunos científicos han adoptado el término granitoide."

"Los granitoides se producen al solidificarse lentamente magma con alto contenido en sílice en profundidades a alta presión. Magma de composición granítica que sale a la superficie forma riolita, el equivalente volcánico del granito."

https://es.wikipedia.org/wiki/Granito

Ok... ahora... eso evidentemente NO PARECE UN VOLCAN VERDAD?...

Pues, eso es bajo el "GROUND ZERO" BAJO LAS DESAPARECIDAS TORRES GEMELAS...

Aparentemente, una de las tantas razones por las cuales los gringos estan tan DESBOCADOS CON RUSIA, es debido a que el señor Ed. Snowden ha filtrado una serie de informaciones que los Rusos ahora estan dejando colar poco a poco... como esta...

http://stateofthenation2012.com/?p=4958

http://themillenniumreport.com/2014/09/911-truth-goes-nuclear-massive-download-in-progress/

http://www.veteranstoday.com/2014/05/20/too-classified-to-publish-bush-nuclear-piracy-exposed/





Como podrán ver... las dimensiones de la bomba es RIDICULA... pero esa "cosita" hace esto...



No se les parece un poco a ciertas explosiones "mamarruas" durante las operaciones en Libia, o durante los ataques de la fuerza aerea israelita a Siria??????... se acuerdan de la grabacion nocturna de una explosion cerca de Damasco????... que cosas no????

No me vengan a decir que el "combustible" de los aviones causo esto, dado que la mayoria del combustible de ambos aviones se consumio a la vista de TODOS cuando estos chocaron con ambas torres... vale decir, que las mostruosas dimensiones de las bolas de fuego que generaron estos aviones al chocar indican precisamente ESO, que el combustible se consumio casi en su totalidad al chocar con las torres...

Ademas, no explica la temperatura que se necesita para derretir PIEDRA...


Última edición por Sgt-Elias el Miér 22 Oct 2014 - 19:11, editado 2 veces

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Sgt-Elias el Miér 22 Oct 2014 - 19:04





http://themillenniumreport.com/2014/08/comprehensive-911-photo-doc-on-pentagon-fraud-and-737-airliner-which-was-actually-a-missile/

Y aqui... el avion que "estrelló" la tripulacion en valiente acto...





http://themillenniumreport.com/2014/09/shanksville-pennsylvania-on-911-the-mysterious-plane-crash-site-without-a-plane/

El problema es que ahi no hay ningun avion... ni los restos...

Se les va cayendo fuertemente todo el mojón...

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Cevarez el Miér 22 Oct 2014 - 20:26

Sgt-Elias escribió:Bueno... les voy a colocar un par de fotos...





Uds quieren saber que es eso?

Pues... eso que uds ven ahi es GRANITO DERRETIDO...

Ahora bien ¿qué es un magma, y cómo y porqué se forma? Como definición básica, un magma es un fundido, que en general está formado por una fase líquida mayoritaria, a la que acompaña una fase sólida (cristales o fragmentos de rocas) y otra gaseosa, y que se encuentra a temperaturas entre 1.500 y 800ºC

http://www.uclm.es/users/higueras/yymm/YM10.html

Y que es el granito...

"El granito, también conocido como piedra berroqueña, es una roca ígnea plutónica constituida esencialmente por cuarzo, feldespato y mica. Mientras el término según los estándares de Unión Internacional de Ciencias Geológicas refiere una composición estricta, el término granito es a menudo usado dentro y fuera de la geología en un sentido más amplio incluyendo a rocas como tonalitas y sienitas de cuarzo. Para el uso amplio de granito algunos científicos han adoptado el término granitoide."

"Los granitoides se producen al solidificarse lentamente magma con alto contenido en sílice en profundidades a alta presión. Magma de composición granítica que sale a la superficie forma riolita, el equivalente volcánico del granito."

https://es.wikipedia.org/wiki/Granito

Ok... ahora... eso evidentemente NO PARECE UN VOLCAN VERDAD?...

Pues, eso es bajo el "GROUND ZERO" BAJO LAS DESAPARECIDAS TORRES GEMELAS...

Aparentemente, una de las tantas razones por las cuales los gringos estan tan DESBOCADOS CON RUSIA, es debido a que el señor Ed. Snowden ha filtrado una serie de informaciones que los Rusos ahora estan dejando colar poco a poco... como esta...

http://stateofthenation2012.com/?p=4958

http://themillenniumreport.com/2014/09/911-truth-goes-nuclear-massive-download-in-progress/

http://www.veteranstoday.com/2014/05/20/too-classified-to-publish-bush-nuclear-piracy-exposed/





Como podrán ver... las dimensiones de la bomba es RIDICULA... pero esa "cosita" hace esto...



No se les parece un poco a ciertas explosiones "mamarruas" durante las operaciones en Libia, o durante los ataques de la fuerza aerea israelita a Siria??????... se acuerdan de la grabacion nocturna de una explosion cerca de Damasco????... que cosas no????

No me vengan a decir que el "combustible" de los aviones causo esto, dado que la mayoria del combustible de ambos aviones se consumio a la vista de TODOS cuando estos chocaron con ambas torres... vale decir, que las mostruosas dimensiones de las bolas de fuego que generaron estos aviones al chocar indican precisamente ESO, que el combustible se consumio casi en su totalidad al chocar con las torres...

Ademas, no explica la temperatura que se necesita para derretir PIEDRA...

Los rusos dejaron colar que se emplearon municiones nucleares tacticas en el derribo de las Torres. Eso que posteaste creo que corresponde a ello. Es mas, la zona se mantuvo "caliente" durante un tiempo, cosa que se parece igualito a los efectos de la radiacion, sin contar con las muertes por cancer de rescatistas y personas involucradas en el hecho.

Es bien feo el asunto. Todo lo que la elite mundial es capaz de hacer. No conocen fronteras ni tienen sentimiento patrio, solo sienten el dinero y el poder

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por nick7777 el Miér 22 Oct 2014 - 21:05

Los paladines de la "democracia" continúan usando armas nucleares tácticas,es evidente que las usaron en varias oportunidades .
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Ciruiostar el Sáb 25 Oct 2014 - 22:42

En otras palabras USA fuerza al resto de las naciones de la tierra a una carrera por la bomba ya que es lo único que es capaz de repelerlos, pero que monstruosidad solo a esos enfermos se les ocurre tamaña infamia.
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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Imhotep el Dom 26 Oct 2014 - 9:33

La teoría de que las torres de WWC fueron destruidas por armas nucleares detonadas en sus sótanos más bajos, ha sido planteada hace tiempo ya; yo no la tomé seriamente al principio, pero ahora me parece que el único punto débil de la misma es el rastro de radiación que habría quedado, el cual podrías haber sido eliminado, retirando todos los escombros radioactivos que hubiera dejado la explosión (que yo sepa, nadie fue allí con un contador Geiger para medir radiación tras la explosión) hoy en día, la única evidencia que podría obtenerse, sería medir estadísticamente el incremento de la tasa de tumores cancerosos y de nacimientos con deformaciones y enfermedades genéticas que debería presentarse entre las personas expuestas a la posible explosión y correlacionarlas con su ubicación el día del crimen.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Ciruiostar el Dom 26 Oct 2014 - 13:16

Una detonación nuclear sin importar el tamaño de la misma es imposible de ocultar porque los isotopos radiactivos no decaen rápidamente así que debería haber altos niveles de plutonio o uranio en la zona, yo creo que lo hicieron con otra clase de explosivos por ejemplo fosforo blanco que arde a temperaturas altísimas o explosivos de alto poder pero no creo que recurrieran a la bomba incluso a día de hoy hay zonas muy contaminadas en Hiroshima y Nagasaki eso es simplemente imposible de esconder y muy difícil de limpiar.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por Cevarez el Lun 27 Oct 2014 - 18:33

Ciruiostar escribió:Una detonación nuclear sin importar el tamaño de la misma es imposible de ocultar porque los isotopos radiactivos no decaen rápidamente así que debería haber altos niveles de plutonio o uranio en la zona, yo creo que lo hicieron con otra clase de explosivos por ejemplo fosforo blanco que arde a temperaturas altísimas o explosivos de alto poder pero no creo que recurrieran a la bomba incluso a día de hoy hay zonas muy contaminadas en Hiroshima y Nagasaki eso es simplemente imposible de esconder y muy difícil de limpiar.


Las bombas que fueron usadas se caracterizan por dejar "limpia" la zona muy rapidamente. Y supongo como dice imhotep, que nadie fue con un contador geiger a ese lugar, menos estaran buscando isotopos. Pero si hay casos de cancer entre los participantes de los hechos.

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Re: Investigaciones de Walter Graziano: Extractos

Mensaje por gaborive el Lun 27 Oct 2014 - 21:27

Ustedes hablan de una bomba de Neutrones, mata lo vivo y conserva la estructura (excepto donde detona), no deja marca radioactiva importante

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