Situación bélica venezolana del S.XX

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Situación bélica venezolana del S.XX

Mensaje por orinocoman el Jue 17 Jul 2014 - 16:42

Historia Naval del siglo XX

lunes, 30 de junio de 2014
Amenazas Navales para Venezuela 1901-1903


En los albores del siglo XX la marina de guerra venezolana intervino en diferentes conflictos que revelan su vulnerabilidad, entre ellos se destaca el combate naval de Río Hacha en el contexto de la Guerra de los Mil Días (1901), los enfrentamientos con el buque "Libertador" en poder de los rebeldes durante la “Revolución Libertadora”, y el bloqueo naval a las costas venezolanas (1902-1903). Estas guerras fueron organizadas por caudillos locales y monopolios extranjeros tales como la New York and Bermúdez Company y la Compañía Francesa de Cable Telegráfico, que en coordinación con la Agencia Havas y en plena correspondencia con los intereses de los gobiernos de Alemania, Inglaterra e Italia, iniciaron una campaña que tenía como objetivo generar inestabilidad en Venezuela; incentivando levantamientos y concediendo favores a los grupos desafectos al régimen impuesto por la Revolución Restauradora, todo esto en el afán de liquidar la administración de Cipriano Castro. Esta investigación intenta evaluar las agresiones navales contra Venezuela durante el gobierno de Cipriano Castro y exponer la participación de la Escuadra Restauradora en aquellos conflictos.

En el año 1899 triunfó la Revolución Liberal Restauradora liderada por el general Cipriano Castro. A partir de ese instante inicia una etapa de reorganización y modernización del Ejército y la Marina de Guerra con el claro objetivo de fortalecer la posición del régimen. En este sentido, se incorporan unidades construidas especialmente para la guerra naval y se adquiere mayor conciencia sobre la importancia de poseer una armada y los medios necesarios para su mantenimiento, a fin de garantizar la conquista de los objetivos en tierra.


Geopolítica Mundial en los Albores del Siglo XX
Las últimas dos décadas del siglo XIX fueron una fase de intensa expansión territorial de los principales Estados europeos. En 1902 Hobson, publicó un estudio donde señala que Inglaterra adquirió durante ese período 3.700.000 millas cuadradas con una población de 57 millones de habitantes; Francia, 3.600.000 millas cuadradas con 36,5 millones de habitantes; Alemania, 1.000.000 de millas cuadradas con 14,7 millones de habitantes; Bélgica, 900.000 millas cuadradas con 30 millones de habitantes; Portugal, 800.000 millas cuadradas con 9 millones de habitantes. [1]



El crecimiento acelerado de estas naciones ocurre durante la Segunda Revolución Industrial o época del Capitalismo Financiero. Período en que se materializan importantes innovaciones tecnológicas en materia de navegación, es decir, se define la transición del buque de vela al vapor y la construcción de acorazados, esta situación influyó marcadamente en la proyección de las hegemonías del mundo, tal fue el caso de Inglaterra, que mantuvo su posición como primera potencia comercial y naval durante la época. Sin embargo, contrastan marcadamente los adelantos tecnológicos con los avances diplomáticos, lo cual se manifiesta por la práctica de la “gunboat diplomacy” (diplomacia de cañoneros) definida como “…el uso o la amenaza del uso de una fuerza naval por parte de una potencia, contra una nación más débil, en caso de una disputa internacional para hacer valer sus derechos”[2]

Desde finales del siglo XIX “Venezuela se transformó en un país apetitoso para el imperialismo europeo”[3] si bien no se tenía pleno conocimiento del potencial energético (petrolero) ya existían antecedentes de las intenciones de los ingleses en Guayana para la extracción de oro.

En el año 1899 Venezuela fue despojada de 159.500km2 correspondientes al territorio de Guayana[4] en el mismo marco en el que las grandes potencias extranjeras se repartían el mundo como aves de rapiña. Al mismo tiempo, los alemanes realizaban grandes inversiones en el sistema ferroviario de Venezuela y no tardaron en demostrar su interés por la Isla de Margarita para la construcción de una base naval en vísperas de la construcción de canal de Panamá. Así las cosas, no faltarían maniobras impulsadas desde el exterior para tomar posesión de las riquezas que posee Venezuela y sacar provecho de las ventajas geográficas de esta nación, bien fuera por medios diplomáticos o financiando revueltas para instaurar gobiernos que rindieran cuentas a los intereses de las grandes potencias.



Evidentemente el colonialismo europeo representó una amenaza para la estabilidad de la nación venezolana, sin embargo existían otros elementos de la política interna que ponían en igual peligro la consolidación de la República por la cual habían luchado los mártires de la emancipación, y es que desde el mismo momento en que Venezuela firmaba su independencia iniciaban las pugnas por el poder, años más tarde aumentan las intrigas entre los gobernantes de la Gran Colombia, y la muerte del Libertador Simón Bolívar agudizó la crisis al punto de llegarse a la inexistencia de un gobierno central que pudiera imponerse en las distintas regiones. Especialmente este último elemento contribuyó a la aparición de caudillos en Venezuela, en este sentido, la ausencia de un ejército profesional con carácter nacional capaz de someter a las tropas locales y la ausencia de caminos que favorecieran la integración del territorio, fueron factores que determinaron la incapacidad de los gobiernos para poner fin a las continuas guerras intestinas.

A esta situación se sumaba la difícil situación financiera de Venezuela que produjo el cierre de la Escuela Náutica en septiembre de 1897.[5] Las continuas guerras civiles o levantamientos armados aumentaron las deudas y convirtieron Venezuela en un país deudor crónico y moroso, que carecía de crédito y era objeto de continuas reclamaciones de indemnización, algunas veces infundadas, pero que fueron fuente de amenazas internacionales.[6]

Unos años más tarde la Revolución Libertadora, comandada por el banquero y comerciante Manuel Antonio Matos, profundizó los efectos de la enorme crisis que conmovió al país y sirvió de argumento a Inglaterra, Alemania e Italia para justificar la agresión que efectuaron contra Venezuela mediante el bloqueo naval de 1902-1903.

Organización de la Marina de Guerra venezolana
Con el auge de la piratería y el contrabando entre los siglos XVI Y XVIII, el imperio español fue perdiendo la supremacía naval que poseía y cada vez se hizo más necesario situar en las costas, puntos de sólida defensa, capaces de frenar las ambiciones de otros pueblos navegantes con intereses sobre las colonias españolas, fue por esta razón que en Venezuela se erigieron imponentes fortificaciones en Maracaibo, Cumaná, Margarita, Guayana, La Guaira y Puerto Cabello. [7]

En el siglo XIX la conquista de estos baluartes por parte de la escuadra y el ejercito republicano, fueron determinantes para el logro de la independencia de Venezuela, ejemplo claro de lo expuesto anteriormente lo constituyen la Capitulación del Capitán General Francisco Tomás Morales en agosto de 1823 y la toma del último bastión español por parte de José Antonio Páez en el mes de noviembre del mismo año.

De esta forma Venezuela heredaba las fortificaciones que había construido el imperio español durante su dominio, y las utilizaba para proteger sus propios intereses, negando el acceso de las naves enemigas a las aguas venezolanas. En el año 1894 tras haber recibido la asesoría de los alemanes, llegaron a Venezuela treinta cañones de campaña Krupp de 80mm y diez cañones de montaña de 60mm de la misma marca, especialmente estos últimos serian empleados en las mencionadas fortificaciones para la defensa de costas.

Los cañones Krupp tienen una apariencia propia de los cañones del siglo XVIII y XIX, el tubo se ubica sobre un afuste de madera con dos grandes ruedas de radios, también de madera… y fue el primer cañón de retrocarga que existió en Venezuela.[8]

Al finalizar el gobierno de Joaquín Crespo la marina de guerra venezolana contaba con las siguientes naves:

El vapor “Augusto” que posteriormente seria llamado “Zumbador” tenía 117 y medio pies ingleses de eslora, 12 de manga y 10 de calado, tenía una velocidad de 15 nudos. Había sido rentado por el gobierno, a su propietario el General Augusto Lutowsky, desde junio de 1895, y los vapores “General Crespo” y “Zamora” adquiridos por el funcionario venezolano Claudio Bruzual Serra, a través de un contrato firmado con el Sr. J. A. Andrews, en la ciudad de Berlín, en agosto de 1896.

El vapor Zamora: Transporte de 350 toneladas, que era la mayor unidad de la marina de guerra venezolana. Antiguo “Derwent” de matrícula y construcción británica. Podía transportar entre 200 y 1000 hombres, armado con un Krupp de 8cm, 2cm y un Krupp de tiro rápido. A bordo del Zamora viajaron batallones del General de División Juan Vicente Gómez para el bloqueo de ciudad Bolívar y mucho antes para la primera campaña de occidente.

El vapor General Crespo: era una nave de 142 toneladas, antiguo “Gladwyn” de matrícula inglesa; armado con tres piezas de tiro rápido y una ametralladora.
El vapor “Mariscal Ayacucho” el cual para 1898 se encontraba en reparaciones siendo cubiertas con el sueldo del personal de esta unidad, que fue temporalmente suspendido.

El vapor “Totumo” unidad de guardacostas que estuvo al servicio del Ministerio de Hacienda, fue de nuevo incorporado a la marina de guerra nacional.
La goleta “Carabobo” encargada del servicio logístico de la fortaleza-prisión de San Carlos en el Edo. Zulia.

Durante el gobierno del presidente Ignacio Andrade y más tarde en el de Cipriano Castro se adquirieron algunas unidades construidas especialmente para la guerra naval, abandonando la frecuente práctica de armar buques mercantes para realizar tareas de vigilancia costera.



Este fue el caso del cañonero Miranda, conocido en España como el Diego Velázquez, el mencionado buque fue construido en el año 1895 junto con otros siete cañoneros. Tuvo destacada actuación durante la guerra hispano-norteamericana. El 13 de Junio de 1898 se enfrentó al crucero auxiliar USS Yankee, barco de mayores dimensiones y mejor armado, logrando impactarlo varias veces produciéndole algunas bajas e incendios menores. Al finalizar las hostilidades, con la victoria a favor de EEUU, el Diego Velázquez fue dado de baja de la marina española y vendido a la armada venezolana en junio de 1899 donde sirvió por varios años. [9]



El triunfo del general Cipriano Castro, dio inicio al proceso de reorganización y modernización de la marina de guerra con el claro objetivo de garantizar la estabilidad del gobierno y la integridad del territorio nacional. Por tal motivo en el año 1900 Venezuela adquirió el caza-torpedero Bolívar construido en España en 1891, bajo el programa naval de Rodríguez Arias. Esta nave pertenece a la clase Temerario que consistió en cinco buques: Temerario, Audaz, Galicia, Veloz y Rápido. Tuvo destacada actuación en la guerra cubano-española de 1895.

En 1901, Venezuela compró a los Estados Unidos el crucero Restaurador (antiguo “Atlanta”). El Restaurador fue incorporado a la marina de guerra venezolana el 27 de Febrero de ese año.[10] Esta nave se convertiría en el buque insignia de la escuadra restauradora con 243 pies de eslora, 26 de manga y 12 de calado, 750 toneladas de desplazamiento, artillería de tiro rápido, 18 nudos de velocidad, pudiendo transportar hasta 800 hombres.

Los buques que integraban la escuadra restauradora de inicios del siglo XX estaban compuesta por antiguos cruceros de pequeño porte, viejos caza torpederos, un torpedero, vapores cañoneros, remolcadores artillados, lanchas de madera y balandras.[11]

La Memoria de Guerra y Marina resume que la Armada se componía por: crucero “Restaurador”, torpedero “Bolívar,” cañonero “Miranda”, transporte “Zamora”, Vapores “Zumbador”, “General Crespo” y “23 de Mayo”, y Goleta “Carabobo” [12] Esta incipiente fuerza naval debió enfrentar muchas dificultades pero su participación en cada conflicto armado siempre contribuyó al logro de los objetivos propuestos o cuando menos causó estragos a los enemigos del Estado.

Combate Naval de Río Hacha
La diplomacia venezolana resultó muy efectiva para finales período decimonónico, pues rompió relaciones con Francia en (1881 y 1895), Reino de los Países Bajos (1875-1894), y Bélgica (1873-1897). Sin contar que en el año 1901 se puso en evidencia la enemistad entre el General Cipriano Castro y el presidente colombiano José Manuel Marroquín. Los autores que han escrito al respecto coinciden en que las diferencias eran por razones ideológicas, puesto que el primero era liberal y el segundo conservador.

Sin embargo, el presidente Marroquín se movía por consideraciones de recursos, cuestión que se reflejaba con los intereses manifestador por parte de Colombia sobre el sistema fluvial Zulia-Catatumbo, ruta necesaria para que Colombia pudiera despachar su café a través de Maracaibo lo que le permitiría además obtener una salida al Mar Caribe, además, el petróleo y el asfalto abundante en esa área del país, se proyectaban como riquezas de gran provecho.

El combate naval de Rio Hacha, fue producto de la invasión del ejército colombiano al territorio venezolano, es decir, este hecho corresponde a la respuesta casi inmediata de parte de Venezuela contra el país agresor. “Carlos Rangel Garbiras lanzó no menos de cuatro invasiones separadas desde Colombia al Táchira después de Julio de 1901” [13] en el contexto de la guerra de los mil días.

El antecedente inmediato al combate naval de Río Hacha se sitúa cronológicamente el 26 de julio de 1901, cuando 6000 hombres del ejército colombiano al mando de Rangel Garbirás ocuparon San Antonio y se dirigían a San Cristóbal causando destrozos a su paso. Además de marchar hacia Caracas para establecer un gobierno conservador en Venezuela, “El gobierno de Marroquín tenía como objetivo marchar sobre Maracaibo para separar esa Cuenca del resto del país, esto permitiría la salida de los productos de Santander y el acceso a las potencialidades bituminosas de la zona”. Pero el 29 de Julio Celestino Castro, asesorado por el general colombiano Uribe Uribe, los puso en derrota concentrando 1500 hombres en San Cristóbal.

El 28 julio se llevó a cabo otro ataque por parte de 7000 efectivos colombianos quienes navegaron por el Río Catatumbo, secuestrando a la comisión colombo-venezolana de demarcación de límites, posteriormente marcharon hacia Encontrados tomando esta plaza aunque pronto sería recuperada por el general venezolano Régulo Olivares quien avanzó sobre Encontrados y la retomó empujando a los invasores por el río con el vapor “Progreso” y rescataron a los comisionados de límites. [14]

La respuesta de Venezuela ante esta agresión no se hizo esperar, Castro envió al general venezolano Rufo Nieves a las órdenes del general Castillo y se inició el avance por la Guajira, saliendo por Paraguipoa, hasta que se produjo el combate de Garapasera el 22 de agosto de 1901.

El ejército venezolano estaba compuesto por 1.400 hombres y como Jefe de la Escuadra de Operaciones sobre Río Hacha se encontraba el Teniente de Navío Leopoldo Vicente Pellicer. El gobierno de Marroquín designó al general Carlos Albán, Comandante en Jefe de las Fuerzas Fluviales y Rivereñas del Bajo Magdalena y de las Marítimas y Terrestres de los Departamentos de Panamá, Bolívar y Magdalena. Éste dio instrucciones al general Arjona que saliera de Río Hacha a encontrarse con el ejército que marchaba por la Guajira para evitar que cercaran aquella ciudad. El general Albán contrató en Puerto Colombia, por 48 horas los servicios de un buque mercante francés (Alexander Bixio) para transportar 1.700 hombres. Como parte del contrato un crucero de igual nacionalidad el Suchet tendría la misión de escolta, no solo al primero sino también al mercante armado en guerra Prospero Pinzón que llevaba a bordo al general Albán, su estado mayor y 300 hombres. Por otra parte la escuadra venezolana conformada por los vapores Miranda, Zumbador y Crespo salió de Maracaibo el 3 de septiembre 1901 teniendo como misión impedir el desembarco de tropas conservadoras y aprovisionar las tropas amigas, además de bombardear los lugares que se le indicaran para conquistar los objetivos en tierra. Asistieron con el mismo fin, el Restaurador, el Bolívar y el Totumo.[15]

La escuadra restauradora llegó a Río Hacha el 6 de septiembre, tres días después, la flota venezolana avistó el convoy colombiano y se aprestó a perseguir el “Pinzón”. Por su parte el Penelope atacó el Totumo pero la respuesta venezolana fue efectiva y el Totumo en acción conjunta del Crespo echaron a pique la nave inglesa. El Suchet que superaba en tres veces el tonelaje y calibre al Crespo disparó sus cañones de 6,4”, sin embargo la tripulación venezolana no se dejó amedrentar y aplicando la táctica de jauría de tiburones hicieron que la nave enemiga se alejara varios kilómetros. Mientras tanto el Restaurador se enfrentaba al Ban Raigh que estaba fondeado en Río Hacha. Pellicer se dirigió en un bote a bordo del Suchet y conferencio con su comandante sin llegar a acuerdo alguno. [16]

Con escaso combustible y el Miranda averiado, la escuadra restauradora se trasladó hasta el Cabo de la Vela. Las fuerzas del general Amaya sorprendieron y atacaron por la retaguardia a las tropas liberales. Las tropas liberales venezolanas que lograron escapar siguieron la vía de Paragaipoa. De acuerdo a la versión de los colombianos los líderes de las tropas en tierra eran reacios a la utilización efectiva de la escuadra y evitaron embarcar prácticos. Pellicer y la Escuadra llegaron a Maracaibo el 18 de Septiembre de ese año.

La inexistencia de carreteras regionales y nacionales obligó tanto a las fuerzas del gobierno como a sus opositores a utilizar las vías de comunicación marítimas y fluviales para transportar de forma rápida y segura las tropas y la logística necesaria para su mantenimiento. Logrando reducir los tiempos de traslado del personal a la vez que se minimizaba el agotamiento que acarreaba llegar a esos lugares por vía terrestre.

Incursiones del Ban Raigh
El Ban Righ era una nave de 1500 toneladas de desplazamiento, había participado en el combate naval de Río Hacha, encontrándose fondeado en aquel lugar se enfrentó al buque insignia venezolano Restaurador de 750 toneladas.[17] Los registros de este acontecimiento develan que a pesar de la voluntad de vencer por parte de los comandantes y tripulaciones a bordo de los buques de guerra venezolanos, existía una diferencia tecnológica notable en cuanto a la ingeniería y el calibre de la artillería de los buques, lo cual puso en gran peligro la existencia de la pequeña escuadra venezolana.

La participación del buque Ban Righ en la Revolución Libertadora ofrece una noción de la situación de aquella incipiente marina de guerra venezolana. El “Ban Righ” fue adquirido por Manuel Antonio Matos con el capital de la New York and Bermúdez Company, y la Compañía Francesa de Cable Telegráfico (transnacionales instaladas en Venezuela) siendo bautizado por los revolucionarios como “Libertador”, se convirtió en una de las armas más poderosas con las que contaban los enemigos del gobierno en el propio territorio venezolano. Pues era la fuerza encargada de abastecer de fusiles y cartuchos desde el mar a las tropas de la Revolución Libertadora. Para lograr su propósito el “Ban Righ” debió enfrentarse a algunos buques de la escuadra restauradora, tal fue el caso ocurrido en enero de 1902 cuando el buque de los rebeldes se encontró con los vapores Crespo y el Miranda dando inicio a un combate que dejó por resultado daños estructurales al Crespo, mientras el buque rebelde emprendió la huida. En mayo de 1902 Guillermo Egea Mier quien comandaba el Libertador, llevó esta embarcación a Colombia donde fue adquirida por aquel gobierno en agosto del mismo año.

Intervención naval de las potencias extranjeras en el conflicto venezolano
El Bloqueo Naval de 1902-1903 por parte del Imperio Alemán, el Imperio Británico, y el Reino de Italia, (naciones que vieron en riesgo sus intereses en Venezuela durante el gobierno de Cipriano Castro) es en realidad la evidencia más clara de la difícil situación que enfrentaba la marina de guerra en aquellos años. El motivo de aquella agresión según las potencias fue el retraso en que había incurrido Venezuela en el pago de una deuda con los bancos europeos, dicha deuda había sido contraída por los gobiernos que le antecedieron a la Revolución Liberal Restauradora, a esto se sumaban las reclamaciones que hacían los súbditos de esos países por los daños que habían sufrido sus propiedades durante los frecuentes combates y escaramuzas entre las montoneras, producto de la inestabilidad política de la época.

Sin embargo, Sanoja Hernández explica que detrás de estos motivos, se escudaba la intención por parte de las hegemonías europeas de tomar posiciones en el Caribe, en las proximidades de la construcción del Canal de Panamá, de modo de asegurar su lugar en el juego geopolítico que enfrentaba a las potencias del mundo.[18]



El conflicto se extendió durante los años siguientes a través de los medios de comunicación. De este modo la oposición al gobierno de Castro se encargó de desarrollar matrices informativas por medio de la Compañía Francesa de Cable Telegráfico, que en coordinación con la Agencia Havas, tenía por objetivo crear un ambiente vulnerable, incentivando levantamientos por parte de los grupos desafectos al régimen impuesto por la Revolución Restauradora, todo esto en el afán de liquidar la administración del entonces presidente Cipriano Castro.[19]

Las hostilidades por parte de aquella alianza imperialista se materializaron a través del bloqueo de puertos, la captura de los buques nacionales, el hundimiento de algunas naves de la armada y el bombardeo a los castillos de San Carlos y Puerto Cabello. Sin embargo, este caudillo entendió con rapidez la importancia de tener un ejército, y más aún la necesidad de equipar una armada capaz de garantizar el control de los espacios acuáticos del territorio venezolano. En este sentido, la inestabilidad interna, la propaganda que se encargaba en aquel entonces de desprestigiar el gobierno del presidente andino y el bloqueo naval de 1902-1903. Fueron algunas piezas que movieron las grandes potencias del mundo, para sustituir un gobierno que se negaba complacer los intereses extranjeros. En el contexto de estos acontecimientos se vio enormemente comprometida la soberanía nacional y la integridad territorial. El conflicto tuvo su final con la firma del Protocolo de Washington. Esta amarga experiencia ratificó el compromiso de poseer una marina de guerra con la capacidad para hacer frente a un eventual enemigo en el mar y responder por los intereses de la nación.

Batalla de Ciudad Bolívar
Aunque en este hecho no se vió involucrado directamente ningún buque de las Armadas extranjeras, conviene citar la participación de la Escuadra Restauradora para el proceso de pacificación interna, a fin de comprender la importancia de las fuerzas navales para el logro de objetivos trazados por el gobierno de aquel momento.

Después de haber derrotado a los rebeldes en la Batalla de la Victoria (1902) el general Ramón Cecilio Farrera sublevó el batallón Cordero en Ciu­dad Bolívar, plegándose a la causa "Libertadora". El general de división Juan Vicente Gómez fue nombrado delegado nacional y jefe expedicionario sobre el oriente de la República para resolver esta situación, y un año después se designó como comandante de la Escuadra, al teniente de navío Román Delgado Chalbaud.

El 27 de junio de 1903 se ordenaron los preparativos para el zarpe de los vapores "Restaurador", "Bo­lívar" y "Zamora", surtos en La Guaira. Al anochecer, se embarcaron dos mil hombres a bordo del vapor "Zamora". Como buque insignia fue designado el "Restaurador", en él se embarcaron el general Juan Vi­cente Gómez, jefe de la expedición y José Antonio Dávila jefe del Estado Mayor. El vapor "Zamora" ocupó la vanguardia; el "Bolívar", el centro y el "Restaurador", la retaguardia.

El 29 de junio de 1903 arribó a Carúpano la escuadra expedicionaria. Se les unió el "Miranda", para buscar a los prácticos de las bocas del Orinoco, que estaban en Trinidad.

Mientras tanto, el vapor "Bolívar" recibió órdenes de desembarcar las tropas del general Mata Illas en Güiria, ocupada por el general Antonio Paredes. Los revolucionarios no resistieron la carga de aquellos y se desplazaron hacia Irapa, lugar en que fueron derrotados.[20]

El 11 de julio comenzó el bloqueo naval a Ciudad Bolívar. Habiendo recibido del jefe expedicionario orden de establecer el bloqueo de la ciudad, lo dispuse en la forma siguiente; el "Miranda", su radio de acción desde Playa Grande a la isla el Degre­do, sobre la vía el Apure; el "Bolívar" desde Soledad hasta los Manguitos; el "Zamora", desde este punto hasta la isla de Panaderos y el "Restaurador", fondeose en Punta de Mateo, situación adecuada para comunicarse con el jefe del Ejército.[21]

Rolando contaba con 2.000 hombres, que se atrincheraron en los sitios de la Alameda, la Adua­na, en las azoteas del teatro, el sector de Mango Asado, la Capilla, Cementerio, la Matanza y cerros la Esperanza, Zamuro y Colorado.
Se colocaron cinco piezas de artillería, dos en el sitio denominado Laja de la Llanera; una sobre el cerro de Santa Lucía, otro cerca del sector de Miraflores, y el último, en Soledad. Las fuerzas de mar y de tierra permanecieron a la espera hasta el día 17 en la tarde.

Uno de los puestos de los revolucionarios que mayor estrago hizo, fue el denominado Punta Mateo, El coronel Luis Jugo Delgado, primer oficial del "Restaurador", con 15 hombres de infantería de Marina, se acercó a la trinchera antes dicha y la tomó por sorpresa con apoyo del vapor "Bolívar" en la madrugada del 19 de julio. Gómez penetró en Ciudad Bolívar mientras los rebeldes se fortalecieron en el Capitolio, el Teatro, la Aduana.

Enseguida ordené al "Miranda" romper los fuegos dirigiendo su puntería sobre la pieza de artillería que el enemigo tenía en el Capitolio, quien por su parte abría los suyos con dos piezas colocadas en la Alameda, a las que respondió el "Restaurador" con la certeza de sus tiros, con que siempre se ha distinguido. [22]

El "Restaurador" disparó sus cañones y rompió una de las piezas enemigas, enmudeciendo las restantes, el dique fue destruido dejando muchos damnificados y muertos. El batallón Cardona avanzó con carga de metralla certera. El Restaurador, el Zamora y Bolívar no dejaban de bombardear, por el otro extremo las divisiones Araujo y Rivas ejercían presión. Cerca de las 11 de la noche, los sitiados intentaron una fuga pero fue imposible la retirada y las tropas de Rolando fueron vencidas. Este hecho aporta a la historia un dato de importancia al momento de estudiar la participación de la marina de guera en el gobierno de Cipriano Castro, pues demuestra la efectividad de aquel equipo en el proceso de pacificación de Venezuela.

El estudio de la Batalla de Ciudad Bolívar permite reflexionar sobre la importancia estratégica del río Orinoco y las redes fluviales como vías de transporte que permitieron el acceso efectivo de la escuadra restauradora en el interior del territorio venezolano. Las operaciones emprendidas desde la cuenca del Orinoco también contribuyeron a negar el paso de otras embarcaciones que pudieran auxiliar a los rebeldes atrincherados en Ciudad Bolívar, logrando acabar con la última trinchera de la revolución Libertadora.

Finalizada la tarea de pacificar el país, después de haber soportado las amenazas navales que debió enfrentar la Escuadra Restauradora, el Estado bajo la asesoría del nuevo jefe de la escuadra Román Delgado Chalbaud comprendió la necesidad de modernizar el equipo de artillería dispuesto para la defensa de costas, por ello se adquirieron los cañones Schneider Canet-150/50mm que vinieron a sustituir los viejos Krupp de 80mm. Además realizó una reforma del Código de la Marina de Guerra, en pro de la modernización de la Mariana de Guerra, logrando fundar un astillero nacional que redujo significativamente la dependencia de la armada nacional hacia Trinidad, en cuanto al mantenimiento y carenado de los buques venezolanas.

Ante la ausencia de una Fuerza Armada bien equipada y organizada, se derrumban con facilidad las estructuras del Estado. Este es el principal aprendizaje de Castro cuando Ignacio Andrade abandona el país. La misma ausencia del poder militar abre una brecha de oportunidades para la intervención por parte de fuerzas militares y navales extranjeros.

Los cañoneros Restaurador, Bolívar, Miranda y el transporte Zamora así como las demás naves que integraban la escuadra restauradora, fueron de gran valor en cada encuentro contra las fuerzas enemigas (internacionales y nacionales), pues gracias a estos buques y al sistema de defensas de costa fue posible entorpecer las operaciones de la escuadra alemana durante el bloqueo anglo-ítalo-alemán. Asimismo las embarcaciones de la escuadra nacional facilitaron el traslado de tropas a los distintos puntos de la geografía nacional donde eran requeridos para "pacificar" el país, ya que esta labor resultaba mucho más rápida, económica y segura al efectuarse por vías marítimas y fluviales.

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Re: Situación bélica venezolana del S.XX

Mensaje por nick7777 el Jue 17 Jul 2014 - 18:00

Interesante!,gracias por traer esos pasajes de nuestra historia orinocoman, Very Happy 
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Re: Situación bélica venezolana del S.XX

Mensaje por Siant el Jue 17 Jul 2014 - 18:03

Aquí sí podemos hablar acerca de los hechos históricos bélicos de nuestra patria amada. Como siempre orinocoman, sin acritud, sólo se trata de poner los temas en orden.

Saludos  Very Happy 
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Re: Situación bélica venezolana del S.XX

Mensaje por Cevarez el Vie 18 Jul 2014 - 19:40

Excelente! Cosas que uno aprende.

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Re: Situación bélica venezolana del S.XX

Mensaje por orinocoman el Mar 30 Dic 2014 - 22:41

Interesante la vision peruana sobre nuestro libertador. Desconocia sobre el odio peruano hacia el libertador.

PORQUÉ NO QUIEREN LOS PERUANOS A SIMÓN BOLÍVAR.

Amigos invisibles. El tema como verán es candente, pero el título aquí expuesto refleja con exactitud lo que ha pasado sobre la Historia de Bolívar ocurrida en el Perú, lo que llevara al dicho país a exhibir cierta actitud cada vez más antibolivariana, al extremo que dentro de una verificación de los hechos en la actualidad la mayoría de quienes transitan por el camino de su gloria son contrarios a las trémulos pasos llevados por el caraqueño durante su vivir en aquel importante y extenso país, que era un virreinato pujante antes de someterse bajo su difícil mando, y ya en este período como Presidente y Dictador del Perú fueron tantos los desatinos ocurridos como los desmanes pasados, que en el balance final de aquel embate autoritario por cierto convulsionado y lleno de rencores de ambos bandos, que finalmente dieron al traste con la buena idea inicial  que se tenía sobre el caraqueño, al extremo que al término del duro mandato y cuando debió partir rumbo a Colombia  su carisma, salvo en las ociosas mujeres y ciertos adulantes de oficio  y beneficio, había descendido casi al extremo del suelo, por lo que salió del ámbito peruano y como se dice, sin pena ni gloria, sin plumas y cacareando, o con las tablas en la cabeza, para usar expresiones callejeras que pueden ser atinentes a este caso. Ya verán ustedes porqué  así me refiero.


   Ingresemos en el tema por partes, para mejor entender la trama establecida con el antes de los acontecimientos, es decir, desde cuando Bolívar ya sintiéndose fuerte en la batalla por convenir con los españoles en Trujillo de Venezuela sobre la suerte de estos países en busca de bandera, y porque acaece la sortaria batalla de Carabobo donde se luce el general Páez y se le da fuerza legal a Colombia con la constitución de Cúcuta, que vino a ser el principio del fin de aquel país imaginario que nació y murió en brazos de Bolívar, una vez que todos estos antecedentes  fueron llevados a buen puerto, por el ahora de aquel tiempo, al caraqueño triunfante se le presenta la disyuntiva de seguir avanzando para poder contener el león ibérico que bien vivo y despierto se hallaba al sur del Ecuador, por lo que de inmediato prepara un ejército para iniciar la llamada Campaña del Sur, con oficiales de su confianza como el futuro mariscal Sucre y la ausencia del general Rafael Urdaneta, destinado a otros fines por causa de su recurrente enfermedad renal. Así las cosas y dejando encargado al Vicepresidente de Colombia, general Santander, el caraqueño emprende el Camino del Sur que entre triunfos, riesgos y fracasos le llevarán por la monarquista Pasto y la grave situación que sobrevive en Bomboná, para amanecer en Quito, donde ya le ha limpiado el camino espinoso el inteligente general cumanés Sucre, que de allí en adelante se destaca como gran estratega de la guerra.

   Pero aquí en la mitad del mundo y al pié del Pichincha Bolívar por información retenida empieza a cavilar sobre el poderoso virreynato peruano, al que debe afrontar no solo con las armas sino con el pensamiento, puesto que todos los peruanos son fieles a su amo y señor el rey de España, y porque las diversas castas y clases sociales viven felices en un inmenso país que es frontera desde arriba de Guayaquil hasta bien hacia el sur de Chile y la inmensa mole andina que se llama el Alto Perú, donde el oro y la plata que dan felicidad y bienestar, corren por doquier, razón suficiente para que la figura de Bolívar y de los suyos, que iban a sembrar desasosiego en aquel país colonial de distinción, era desde luego muy mal vista. De aquí que el caraqueño ensimismado en su proyecto libertario al estilo maquiavélico prepara el desmembrar dicho extenso territorio para obtener tajadas de favor a su campo, que se agregarán al país del cual es Presidente, o sea a Colombia, de donde con vivezas políticas y diplomáticas hace que Guayas y Guayaquil, como otros lugares interioranos se pronuncien para unirse a Colombia, lo que se lleva a cabo mientras el desconcertado general San Martín queda estupefacto de los hechos, y ante la jugada inesperada que el caraqueño le ha hecho todo entristecido se regresa casi de inmediato para alejarse del lugar, de Chile, del Río de la Plata y para no volver nunca más.  Con este juego engañoso, considerado sucio en el Perú, el  general Bolívar se instala en Lima donde no es bien recibido entre adulantes, gente de doble faz y de muchos traidores a sus ideas, por lo que tiene que apretar la mano dura, dictatorial, en una sociedad difícil de entender, dado lo volátil y dual de sus gentes, donde se discrimina desde luego a un ejército colombiano de ocupación mas los excesos que comete, y cuando a su vez se preparan atentados contra su persona no querida, que casi llegan a tener éxito.




   Mientras en Lima y en las ciudades peruanas todo mundo no habla bien del Libertador [zambo y longaniza le llaman], por sus excesos, y porque quiere hacerse Rey, sucede la campaña de la Sierra donde se atrinchera a las anchas el ejército monárquico del virrey La Serna, por lo que se dan las batallas del lago de Junín y la inmortal de Ayacucho, que es obra del general Antonio José de Sucre, al tanto que Bolívar, con la derrota total de los españoles y la entrega de su ejército aligera los pasos para seguir al Cuzco, el gran santuario incaico, y de allí prosigue hacia el extenso y rico Alto Perú, a donde llega y por intermedio de lacayos y tinterillos con las ideas machacantes bolivarianas pronto se realiza la independencia de aquel nuevo país al que se llama Bolivia (o Bolívar) y se le instala una constitución vitalicia al estilo monárquico [“monarquía disfrazada de república” la llama Bartolomé Mitre] calcada en las ideas del caraqueño que sustentara desde Angostura, Cúcuta, ahora Bolivia, y que seguiría en su empeño monárquico solapado o más expuesto ahora en el disminuido Perú, y luego en Ocaña y en la de Bogotá, que ya fue en los preliminares de su muerte física. Vistos pues estos antecedentes sobre el paso de Bolívar en el Perú, nada de extraño tiene esa reacción antibolivariana de su pueblo y sus pensadores, lo que en los últimos tiempos se arreciara de acuerdo con lo que aquí dejaré escrito.

En efecto, de regreso a Lima, donde las elites del país lo detestan por “usurpador extranjero” sostenido por 6.000 soldados colombianos de ocupación, el caraqueño decide clausurar el Congreso que le era adverso y ante tantos problemas en juego resuelve volver a Bogotá desplazando el poder central de Lima a esa ciudad colombiana y satelizando así a dicho país, porque por intruso nunca fue llamado a penetrar en el Perú, de donde va viajando lleno de antipatías y animadversiones, ocurrido ya el serio atentado contra su persona del 28 de julio de 1826, de donde concluyendo el historiador Eudoxio Ortega dice que a Bolívar se le odia por el absolutismo y ambición desmedidos, como por las “arbitrariedades, fusilamientos sin causa previa, deportaciones, expatriaciones, detenciones y procesos”. De su  parte el economista e historiador Herbert Morote, lo tilda en calidad de “enemigo público Nº 1 del Perú”, pues “fue un hombre de derecha y no introdujo ninguna reforma social en el país… [mantiene] la discriminación hacia los indígenas… reimpone el tributo impositivo indígena y en cierta forma restablece la esclavitud africana, por necesaria, el mutilar nuestro territorio [incluso Jaén, Maynas y Tumbes iban a pasar a poder de Colombia, y Arica e Iquique, a favor de Bolivia”], instituyendo “el modelo militar ególatra” para perennizarse en el poder, al tiempo que Don Simón “cercenó al país más de 1.100.000 kilómetros cuadrados. En el terrible libelo probatorio Morote agrega el estado de represión y dictadura que mantiene el caraqueño, donde, según escribe, los soldados peruanos “huyen como gamos”, diciendo además al general Santander que “los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos  hasta el extremo… sin ningún principio moral que los guíe”. Para echarle más leña el fuego el crítico historiador añade el estado de presión que Bolívar mantuvo en el Perú, mandando a fusilar a sus opositores, hasta por sospechas infundadas, desconfiaba de todos y el ejército era manejado por colombianos. A Bartolomé Salom el caraqueño en febrero de 1824 le escribe “Esto está lleno de partidos y todo plagado de traidores…. empìezan a tenerme miedo… se compondrá todo esto con la receta de las onzas de plomo…”. A lo que se suma lo escrito por el americano Hiram Paulding sobre que Bolívar le expresó que los “peruanos eran unos cobardes y que, como pueblo, no tenían una sola virtud varonil”.

               A todo este criterio expuesto para que ustedes analicen con sensatez agregaremos que existe un libro del catedrático peruano Félix Calderón Urtecho, con prólogo del internacionalista  Alfonso Benavides Correa, en 4 tomos, titulado “Las veleidades autocráticas de Bolívar”, donde se expone con detalles de la “usurpación de Guayaquil”, la “fanfarronada” del Congreso de Panamá, la creación personalista de Bolivia y “la guerra de los límites contra el Perú”, por lo que se dice que “Bolívar no amó al Perú” y dejó una secuela de problemas limítrofes que concluyeron en serias guerras fratricidas.  Por su parte el analista peruano Herbert Mujica Rojas explica que en cuanto a su país el legado positivo de Bolívar es un mito, donde se desfigura la verdad histórica para “promover la fantasiosa irrealidad”, pues es un “antihéroe” que “deshizo con una mano lo que trabajosamente construyó con la otra”, con historias complacientes sobre aquel “que de libertador pasó a opresor y de redentor a tirano… de la dictadura perpetua…, [con] un inconsciente extraviado… [que] aceleraba su caída y con ella la de su obra”, por lo que los últimos 21 meses de Bolívar en el Perú fueron de una brutal represión, como asienta el señalado Morote.

Ya sobre la onda de rechazo aquí transcrita agregaremos que el cónsul americano en Lima, William Tudor, sobre “la profunda hipocresía del general Bolívar” informa a su gobierno que “ha engañado hasta ahora a todo el mundo”, siendo “uno de los más rastreros [sic] usurpadores militares”, rodeado entonces de “una corte de alcahuetes”.

Y para enero de 1829 sobre esta dirección de rechazo  a su compostura diremos que el conocido pensador liberal, estadista, político liberal y filósofo francés Benjamín Constant (1767-1830), que hasta entonces apoyaba plenamente al Libertador Bolívar basado en los ideales que con anterioridad había expuesto, ahora se convierte en vocero de la oposición a sus dudosas gestiones, lo que escribe con señalamientos específicos en el “Courrier Français” de París, pues ante la nueva postura dictatorial del caraqueño asienta, casi como detractor de tales procederes: Que después de la liberación del Perú ahora no lo defiende [a Bolívar], porque ha creado instituciones desagradables, y a la coexistencia que se supone debe haber la considera [nido de] conspiraciones, además rehúsa el perdón, hace correr la sangre en esa tierra, que no es la suya, y da una constitución muy defectuosa, ausente de libertad, y que además ahora quiere ser el amo del poder, aspirando a la tiranía. De donde se infiere y constata que el pensador francés le atacaba “cruelmente” desde París  por la usurpación del mando, el camino fatal a coronarse de monarca “y la conducta suya en el Perú y Colombia”. Esto escrito en París y por un filósofo social como Constant es  muy significativo, y entonces ni la intercesión a favor suyo por parte del bondadoso malinés Abate De Pradt pudo hacerle cambiar de idea. De aquí que por todos estos considerandos expuestos y otros omitidos por falta de espacio hoy en día la plaza Bolívar [en verdad, de la Inquisición] no significa mucho en la capital limeña, y menos su hermosa estatua, que luce olvidada, y algunos nacionalistas a ultranza opinan debe retirarse para colocarla en un museo.


Sea oportuno señalar aquí dentro de este debate abierto que el doctor Pedro González Trevijano, reconocido profesor de Derecho Constitucional y rector de la Universidad Rey Juan Carlos 1º, de Madrid, en su reciente estudio “Dragones de la Política” (Círculo de Escritores, Barcelona, España, año 2010), con prólogo del laureado escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa [cuestionador infatigable de las dictaduras latinoamericanas, con libros tan importantes en este sentido como “Pantaleón y las visitadoras” y “La fiesta del chivo”], tal catedrático afirma de Simón Bolívar que fue un “hombre atroz”, “fosilizado en caballo triunfante”, “el hombre menos amante de la libertad”, el traidor más ferviente de Miranda y el hombre que dejó en rebeldía a todos los países libertados”. Este criterio negativo pero explícito del rector universitario lo dejamos a consenso de los sabios lectores.

Debemos recordar que el ilustrado Riva Agüero llama al libertador tirano y usurpador, Torre Tagle  lo tilda a su vez de tirano, artificioso y lleno de ambición, que “ha deseado encovar el Perú… bajo el dominio de Colombia”. Fuera de tantos epítetos que los peruanos adoloridos le endilgan, es vox populi que el Libertador acabó con las finanzas del Perú por sus desaciertos fiscales y gastos personales que le pagan, pues llegaba a bañarse diariamente con agua de colonia, como las numerosas ejecuciones físicas que ordena ejecutar, acaecidas sobre personajes con nombre y apellidos, el carácter dictatorial de su mando que se desarrolla durante más de un lustro, y lo que es más triste y nunca se olvida en el Perú, el trato deshumanizado y humillante que tuvo en Guayaquil para con el Protector de ese país, o sea el digno general José de San Martín, a quien en Guayaquil le negó todo género de cooperación y compromiso, olvidando por ende los ejércitos que envió el argentino para la liberación del Ecuador.

Así de fácil y con estas notas que menciono, sustraídas de los escritos de personajes de la época que le conocieron y pudieron darse cuenta de sus ejecutorias, como por otros críticos e historiadores que conocen bien de estas hazañas bolivarianas, dejo en sus manos la apreciación serena de estos hechos, porque todos los humanos pueden equivocarse por ser de carne y hueso, hueso y carne de un general mantuano caraqueño que se prestó a la guerra porque no había otro camino y que por allí se fue con sus triunfos y fracasos, los que ahora se escriben y analizan con crudeza pero animados de la realidad, escatimando el mito y como debe ser.

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